{"id":2752,"date":"2020-05-31T15:06:36","date_gmt":"2020-05-31T18:06:36","guid":{"rendered":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/?p=2752"},"modified":"2020-08-04T18:01:01","modified_gmt":"2020-08-04T21:01:01","slug":"creo-en-el-espiritu-santo-en-dias-de-pandemia-por-luis-aranguiz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/creo-en-el-espiritu-santo-en-dias-de-pandemia-por-luis-aranguiz\/","title":{"rendered":"Creo en el Esp\u00edritu Santo, en d\u00edas de pandemia &#8211; Por Luis Ar\u00e1nguiz"},"content":{"rendered":"\n<p>*Por Luis Ar\u00e1nguiz Kahn<\/p>\n\n\n\n<p>En el credo niceno-constantinopolitano, uno de los documentos m\u00e1s preciados de la tradici\u00f3n cristiana y formulado en el a\u00f1o 381, se afirma que los cristianos creemos: \u201cEn el Esp\u00edritu Santo, Se\u00f1or Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado, y que habl\u00f3 por los profetas\u201d. Esta afirmaci\u00f3n fue una respuesta concluyente ante una serie de controversias teol\u00f3gicas que debat\u00edan sobre la persona del Esp\u00edritu Santo y, por ello, tambi\u00e9n cabe recordarla especialmente en los albores de la celebraci\u00f3n del d\u00eda de pentecost\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero este pentecost\u00e9s del a\u00f1o 2020 es distinto al de a\u00f1os anteriores. Nos encontramos en medio de la primera pandemia del siglo XXI con un virus que, como es esperable, no reconoce fronteras de ning\u00fan tipo. Los modos de afrontarlo son diversos. El virus desaf\u00eda a creyentes y no creyentes, a los que tienen esperanzas en algo -lo que sea- y a los que no la tienen en absoluto. As\u00ed las cosas, \u00bfqu\u00e9 implica decir \u201cCreo en el Esp\u00edritu Santo\u201d en d\u00edas de pandemia mundial?<\/p>\n\n\n\n<p>Como es sobradamente sabido, Pentecost\u00e9s fue la ocasi\u00f3n en la que descendi\u00f3 el Esp\u00edritu Santo (Hch. 2, 1-4) para dotar de poder a los que hab\u00edan aguardado su llegada con fe, por instrucci\u00f3n de Jesucristo. Fue en este acontecimiento que se imparti\u00f3 a los creyentes una serie de dones espirituales que le dieron una poderosa impronta a los primeros cristianos: hablaban milagrosamente en otros idiomas, algunas personas recib\u00edan portentosas sanidades a trav\u00e9s de ellos, entre otras cosas. De este modo, Pentecost\u00e9s ha solido verse siempre como una manifestaci\u00f3n portentosa del poder milagroso de Dios operando entre los hombres como nunca antes hab\u00eda ocurrido. Y es por ello que, para muchos, decir \u201ccreo en el Esp\u00edritu Santo\u201d podr\u00eda ser el equivalente a decir \u201ccreo en el poder de Dios para hacer milagros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ser\u00eda un error reducir la obra del Esp\u00edritu Santo simplemente a los milagros. Pues, de ser as\u00ed, cuando alguien pregunta \u201c\u00bfY d\u00f3nde est\u00e1n los que tienen el poder de Dios ahora para sanar en una pandemia?\u201d, la \u00fanica respuesta honesta que se podr\u00eda dar, mirando las cifras de muertos, es callar. Afortunadamente, Pentecost\u00e9s fue mucho m\u00e1s que eso. Cierto es que qued\u00f3 manifiesto el poder de Dios, pero lo m\u00e1s importante no fueron estas se\u00f1ales, sino el hecho de que el Esp\u00edritu Santo, la Tercera Persona de la Trinidad, Dios mismo, descendi\u00f3 para acompa\u00f1ar y guiar en la historia a los creyentes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCreo en el Esp\u00edritu Santo\u201d significa, entonces, en primer lugar, creer que Dios mismo habita entre nosotros. No desciende solo en ciertos tiempos como ocurr\u00eda en el Antiguo Pacto, antes de la venida de Cristo. Tampoco est\u00e1 entre nosotros por un per\u00edodo breve, como lo estuvo el propio Jesucristo. No, quien cree en \u00c9l, cree que \u00c9l le acompa\u00f1a y no solo eso: cree que el Esp\u00edritu Santo habita en su interior como si habitase en un templo (1\u00aa Cor. 3, 16). Y a\u00fan si este templo hubiese de morir, como ocurri\u00f3 con el propio Cristo, a su tiempo, tambi\u00e9n como Cristo, el templo que somos nosotros habr\u00e1 de resucitar (1\u00aa Cor. 15, 21). Por ello bien llama el credo niceno-constantinopolitano al Esp\u00edritu Santo \u201cSe\u00f1or Vivificador\u201d. Con \u00e9l nos viene la vida de Cristo, \u00e9l nos vivifica (2\u00aa Cor. 3, 6).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCreo en el Esp\u00edritu Santo\u201d significa, en segundo lugar, una profunda fe en el misterio trinitario. \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n puede tener eso con la circunstancia actual? El Esp\u00edritu Santo es adorado y glorificado, como se\u00f1ala el credo, porque es uno con el Padre y con el Hijo. Cuando oramos \u201cPadre nuestro\u201d, no estamos simplemente invocando a un Dios lejano. El Padre se hace presente en la vida de la Iglesia y los creyentes a trav\u00e9s de la obra salv\u00edfica del Hijo y de la presencia de su Esp\u00edritu. Creer en el Esp\u00edritu Santo significa confiar que un Dios providente orienta amorosamente la vida de sus hijos de tal manera que incluso en nuestra debilidad, \u00c9l intercede por nosotros (Rom. 8, 26). Del mismo modo, ya que lo amamos como Padre, todo lo que nos ocurre, incluso lo que nos parece ir contra lo que consideramos saludable, ayuda para bien (Rom. 8, 28). Tanta es la relaci\u00f3n entre el Padre Nuestro y el Esp\u00edritu Santo que, antiguamente, hab\u00eda quienes consideraban que pedir a Dios \u201cvenga tu reino\u201d era equivalente a decir \u201cQue venga tu Esp\u00edritu Santo y que nos purifique\u201d (M\u00e1ximo el Confesor, s. VII).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCreo en el Esp\u00edritu Santo\u201d significa, en tercer lugar, confiar en el testimonio de las Escrituras. \u00c9l es quien inspir\u00f3 a los profetas (2\u00aa Tim. 3, 16) y habl\u00f3 mediante ellos a lo largo de los tiempos, como se\u00f1ala el credo. \u00c9l es quien revel\u00f3 a la humanidad el modo en que Dios deseaba tratar con nosotros. Por ello, todas las promesas relativas a la resurrecci\u00f3n, a la vivificaci\u00f3n que nos viene por el Esp\u00edritu Santo, a la obra de Cristo, al cuidado paterno de Dios, nos vienen por las Escrituras que \u00e9l inspir\u00f3. Es de este modo que \u00c9l nos gu\u00eda a la verdad (Jn. 16, 13), verdad que es Cristo mismo. Creer en el Esp\u00edritu Santo es confiar en que Dios ha deseado revelarse por amor y para amar, para una relaci\u00f3n rec\u00edproca de amor con nosotros. Y ese amor que sobrepasa todo entendimiento (Ef. 3, 19), toda noci\u00f3n t\u00edpica, es el que nos permite confiar en Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Creer en el Esp\u00edritu Santo y todas las verdades que el credo con tanta claridad consagra nos lleva a un \u00faltimo aspecto que toca lo m\u00e1s profundo de nuestra propia vida. Muchos son los vicios con los cuales un cristiano lucha. Su vida es un camino constante por vencer el pecado por la Gracia de Dios y as\u00ed caminar a una comuni\u00f3n m\u00e1s \u00edntima con \u00c9l. En esa trayectoria, a veces dificultosa, no exenta de ca\u00eddas, hay un aprendizaje en el que el cristiano cultiva una relaci\u00f3n con Dios, y de ese cultivo luego nace un fruto. A ese fruto el ap\u00f3stol Pablo lo llam\u00f3 \u201cfruto del Esp\u00edritu\u201d (Gal. 5, 22). Se contrapone a todos los vicios. Este fruto es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Creer en el Esp\u00edritu Santo es desear ardientemente tener su fruto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el fruto del Esp\u00edritu no es resultado de un esfuerzo humano de pura voluntad. Viene por la Gracia de Dios operando en nosotros. El fruto no es obligatorio. Bien ense\u00f1aba un viejo padre de la iglesia que \u201cEl alma que practica la virtud por inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu, no necesita una ley que le amoneste\u201d (Juan Cris\u00f3stomo, s. IV). Al contrario, el fruto nos sit\u00faa por sobre la obligatoriedad de la ley, no porque esta sea perversa, sino porque la trasciende, es superior a ella. Contra tales cosas, dice Pablo, \u201cno hay ley\u201d. Como todo fruto, el fruto del Esp\u00edritu crece naturalmente, toma su tiempo, madura lentamente hasta alcanzar su punto de perfecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de esta pandemia y cercanos a Pentecost\u00e9s, decir \u201cCreo en el Esp\u00edritu Santo\u201d es una declaraci\u00f3n de un perfecto amor que echa fuera el temor. Porque creer en el Esp\u00edritu Santo no es confesar fe en una abstracci\u00f3n. Es confesar la fe en la resurrecci\u00f3n espiritual y f\u00edsica, la fe en un Dios Padre con el cual tenemos un v\u00ednculo filial que se ha concretado por el sacrificio de su Hijo Unig\u00e9nito, es confesar que confiamos en las promesas que por inspiraci\u00f3n divina se nos han entregado en la revelaci\u00f3n de las Escrituras.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n guarda eso con el virus? Aparentemente, ninguna. Pero en realidad, toda. Porque el virus trae la sombra de la muerte a millones de personas, trae como consecuencias la desolaci\u00f3n, la falta de esperanza, la desesperaci\u00f3n, incluso la maldad, entre tantas otras cosas. Pero el Esp\u00edritu Santo trae consigo su divino fruto. Y el cristiano que cree en el Esp\u00edritu Santo lleva ese fruto, no importando el proceso de maduraci\u00f3n en el que est\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Confesar hoy \u201ccreo en el Esp\u00edritu Santo\u201d es pedir que su fruto crezca y madure en nosotros, es creer que en medio de toda esta pandemia y ante el temor que genera, hay amor; contra la amargura, el gozo; contra la tensi\u00f3n, la paz; contra la desesperaci\u00f3n, la paciencia; contra el mal, la benignidad; contra la perversidad, la bondad; contra la incredulidad,\u00a0 la fe; contra la intemperancia o el enojo, la mansedumbre; contra el desenfreno, la templanza. Para todos los males mencionados, hay medidas estatales, sanciones sociales y morales. Pero para los bienes del fruto del Esp\u00edritu, no hay ley. En este Pentecost\u00e9s pand\u00e9mico, creer en el Esp\u00edritu Santo es saber que la muerte tan horriblemente solitaria que acecha no ser\u00e1 el fin para la comunidad que ha confiado en las promesas paternales de un Dios de amor. Y ese amor incomprensible que excede toda finitud es, por ello mismo, la mayor muestra de su poder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>*Por Luis Ar\u00e1nguiz Kahn En el credo niceno-constantinopolitano, uno de los documentos m\u00e1s preciados de la tradici\u00f3n cristiana y formulado en el a\u00f1o 381, se afirma que los cristianos creemos: \u201cEn el Esp\u00edritu Santo, Se\u00f1or Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado, y que habl\u00f3 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2753,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[953,12],"tags":[905,902,931,932,935,936,939,933,299,934,909,937,451,938],"class_list":["post-2752","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-teologia","category-teologia-pentecostal","tag-covid","tag-covid19","tag-credo-niceno-constantinopolitano","tag-creo-en-el-espiritu-santo","tag-cristianos-y-pandemia","tag-evangelicos-y-pandemia","tag-fruto-del-espiritu","tag-juan-crisostomo","tag-luis-aranguiz","tag-maximo-el-confesor","tag-pandemia","tag-pentecostales-y-pandemia","tag-pentecostes","tag-pentecostes-y-coronavirus"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2752","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2752"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2752\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2754,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2752\/revisions\/2754"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2753"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2752"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2752"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2752"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}