{"id":2953,"date":"2021-04-01T20:51:59","date_gmt":"2021-04-01T23:51:59","guid":{"rendered":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/?p=2953"},"modified":"2021-04-01T23:20:09","modified_gmt":"2021-04-02T02:20:09","slug":"la-batalla-cosmica-de-la-cruz-reflexiones-con-john-stott","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/la-batalla-cosmica-de-la-cruz-reflexiones-con-john-stott\/","title":{"rendered":"La batalla c\u00f3smica de la Cruz. Reflexiones con John Stott"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\">por Luis Ar\u00e1nguiz Kahn<\/p>\n\n\n\n<p>Pocas personalidades evang\u00e9licas influyentes ha habido en el siglo XX que puedan recordarse como se recuerda a <strong>John Stott<\/strong> (1921-2011). Anglicano evang\u00e9lico, profuso comentarista de la biblia y pensador cristiano, ha sido una inspiraci\u00f3n permanente para quienes consideran que, como \u00e9l mismo dijo, <strong>creer es tambi\u00e9n pensar<\/strong>. En julio de este 2021 se conmemoran ya diez a\u00f1os de su incorporaci\u00f3n a la iglesia triunfante y, por tanto, quisiera reflexionar con \u00e9l sobre la <strong>crucifixi\u00f3n de Cristo y el significado de Cruz en esta Semana Santa<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Stott fue uno de esos hombres que han sabido aceptar <strong>la pasi\u00f3n por la eternidad que caracteriza al cristianismo<\/strong>, sin por ello abandonar la responsabilidad con su \u00e9poca. Era, entonces, un aut\u00e9ntico evang\u00e9lico, creyente de todo aquello distintivamente cristiano evang\u00e9lico y, por eso mismo, un ardiente promotor, un evangelizador incansable. Tal vez sea esto lo que lo llev\u00f3 primero a leer el texto de 1927 <em>Por qu\u00e9 no soy cristiano, <\/em>del afamado fil\u00f3sofo brit\u00e1nico Bertrand Russell y, en consecuencia, a escribir una suerte de respuesta, un libro que en comparaci\u00f3n con otros vol\u00famenes parece apenas un capitulo extenso, pero cuyo contenido est\u00e1 vigente para todo cristiano de la era presente: <strong><em>Por qu\u00e9 soy cristiano<\/em>,<\/strong> cuyas primeras ideas se encontraban ya en una serie de sermones de 1986.<\/p>\n\n\n\n<p>No pretendi\u00f3 ni por mucho refutar nuestro predicador a un fil\u00f3sofo con los m\u00e9ritos de Russell, como bien \u00e9l mismo se\u00f1al\u00f3. M\u00e1s bien, quiso hacer el ejercicio opuesto y explicar propositivamente <strong>por qu\u00e9 el cristianismo tiene sentido para los creyentes como \u00e9l,<\/strong> que pese a haber sido formado en la religi\u00f3n cristiana confirm\u00e1ndose como anglicano a los 15 a\u00f1os, vino a experimentar la conversi\u00f3n un par de a\u00f1os despu\u00e9s de ese hito. El libro trata sobre una serie de t\u00f3picos, entre los cuales no pasa inadvertido el <strong>cap\u00edtulo sobre la Cruz de Cristo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien desde los primeros d\u00edas los cristianos se enfrentaron al desaf\u00edo de dar raz\u00f3n de su fe a paganos y a jud\u00edos, las sociedades modernas, confiadas en la luz de la raz\u00f3n, trajeron otro tipo de preguntas. Ya no se trataba de si la religi\u00f3n cristiana era coherente con las profec\u00edas jud\u00edas, o si era veraz su explicaci\u00f3n sobre la superioridad de Cristo en relaci\u00f3n con otros dioses. M\u00e1s bien, <strong>se trataba sobre si vale o no la pena creer en Dios alguno luego del aumento en la capacidad del ser humano para dominar la naturaleza<\/strong>, terreno inh\u00f3spito antes reservado a las divinidades; y luego de descubrir que la religi\u00f3n ya no suple ciertas expectativas de las sociedades modernas. La racionalidad tecnocient\u00edfica y, por otra parte, el nihilismo, fueron dos fuerzas que desafiaron a los cristianos porque, si creer en Dios era algo prescindible, cu\u00e1nto m\u00e1s creer en el Dios cristiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el problema no solo estaba fuera de las iglesias, sino tambi\u00e9n dentro de ellas. Aun cuando hab\u00eda ya por esos d\u00edas te\u00f3logos que racionalizaban las creencias cristianas a tal punto que eran capaces de tratarlas como mitos, neg\u00e1ndole al dogma cualquier validez fuera del marco de una naturalizaci\u00f3n moderna, <strong>Stott fue de aquellos que mantuvieron firme una interpretaci\u00f3n tradicional. <\/strong>De hecho, su entendimiento de la Cruz solo puede comprenderse si se comienza con su principal afirmaci\u00f3n, a mi parecer, en todo el libro, a saber: que<strong> \u201csi somos cristianos, no es porque nos hayamos decidido por Cristo, sino porque Cristo se decidi\u00f3 por nosotros\u201d<\/strong> (p. 15). Decisi\u00f3n que no se afirma sobre la casualidad o accidente alguno, sino sobre el amor que Dios tiene por el ser humano, creaci\u00f3n excelsa hecha a su imagen y semejanza. Evidencia b\u00edblica de ello hay tanta como el propio caso de Pablo, y en el curso de la historia tantos otros han dado su testimonio como Agust\u00edn de Hipona y C. S. Lewis, a quienes Stott no olvida comentar.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, el cristianismo se afirma sobre la base de la creencia en Dios que es personal, que es creador, que ama a su creaci\u00f3n y que, por ello, la \u201cpersigue\u201d, <strong>va tras ella en su busca como hace todo aquel que anhela comunicarse con un ser amado<\/strong>. Pero tambi\u00e9n, y como han defendido los apologetas durante toda la historia, <strong>el cristianismo se basa en la verdadera existencia de Jes\u00fas y de su divinidad<\/strong>. Estos elementos son la antesala para comprender el valor de la Cruz en el pensamiento de John Stott porque, si \u00e9l es Dios, la cuesti\u00f3n de importancia ya no es \u00fanicamente su persona, sino los hechos que realiz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 significado puede tener el que alguien que afirma ser Dios, vaya por voluntad propia a una muerte ignominiosa?<\/strong> Esta misma pregunta, en los primeros siglos, la formulaban los esc\u00e9pticos de la superioridad del cristianismo. Si es todopoderoso, \u00bfpor qu\u00e9 tendr\u00eda que morir para lograr cierto fin, cualquiera que sea? La respuesta puede tener matices a veces distintos. Por ejemplo, puede se\u00f1alar que se deb\u00eda a que el precio del rescate de los humanos del reino de las tinieblas deb\u00eda ser pagado con un sacrificio inconmensurable. O puede se\u00f1alar a que era la forma de ejecutar una justicia divina a causa del pecado. Hay otras, pero cualquiera sea la explicaci\u00f3n, de todos modos, inevitablemente quedamos ante <strong>el rol decisivo de Cristo, su voluntariedad para ir a la Cruz.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>No es solo que Dios se encarne, como celebramos en Navidad. Es que aquel Maestro y Se\u00f1or, ha venido al mundo a sabiendas de lo que le espera.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed la Cruz frente a nosotros, como un misterio. No es solo que haya tenido una ense\u00f1anza \u00e9tica excepcional para orientar la vida de los seres humanos. <strong>No es solo que Dios se encarne, como celebramos en Navidad. Es que aquel Maestro y Se\u00f1or, ha venido al mundo a sabiendas de lo que le espera.<\/strong> En modo alguno ha de restarse importancia a la encarnaci\u00f3n, porque sin ella no habr\u00eda crucifixi\u00f3n. Pero lo cierto es que Dios no ten\u00eda necesidad de encarnarse. Sin embargo, y no podr\u00eda haberlo dicho mejor Gregorio de Nisa,<strong> \u201cpor causa de la muerte asumi\u00f3 Dios el nacimiento porque el Eterno no se someti\u00f3 al nacimiento corporal porque tuviera necesidad de vivir, sino por llamarnos de nuevo a nosotros de la muerte a la vida\u201d<\/strong> (p. 117). La traici\u00f3n, el desprecio, las humillaciones y, a\u00fan m\u00e1s horrendo, la experiencia del abandono del Padre mismo, todo ello fue necesario que ocurriera, y lo sobrellev\u00f3 no por una responsabilidad moral ni mucho menos a rega\u00f1adientes, <strong>sino con amor.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 Dios es aquel que se rebaja a esta muerte, que se encarna para cumplir el prop\u00f3sito de morir? \u00bfQu\u00e9 es ese misterio que lleva a Pablo a decir que no anhela conocer sino a Jesucristo, este crucificado (1\u00aa Cor. 2,2)? Stott ense\u00f1a que hay tres grandes elementos que considerar para profundizar en el misterio de la Cruz, a saber, <strong>que la muerte de Cristo implic\u00f3 la expiaci\u00f3n de nuestros pecados, revel\u00f3 el car\u00e1cter de Dios y que con ello conquist\u00f3 los poderes del mal.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La expiaci\u00f3n, que es el perd\u00f3n de los pecados, refleja su contrario: que es la ejecuci\u00f3n de un castigo justo. Si, debido a la gravedad del pecado, Dios deb\u00eda de acuerdo a su naturaleza misma proceder con el castigo,<strong> la vida de Cristo fue la forma en que Dios carg\u00f3 con el castigo que le correspond\u00eda recibir al ser humano<\/strong>. De aqu\u00ed que cuando se dice que Cristo muri\u00f3 <em>por <\/em>nuestros pecados, no se dice nada menos de que lo hizo <em>en lugar de <\/em>nosotros al punto que, \u201csi nos preguntamos c\u00f3mo Dios muri\u00f3 nuestra muerte, s\u00f3lo podemos se\u00f1alar a esas tres horas de oscuridad y abandono de Dios en las que Cristo gust\u00f3 la desolaci\u00f3n del infierno en nuestro lugar para que nosotros pudi\u00e9ramos librarnos de \u00e9l\u201d (p. 50).<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Al ir a la Cruz, Cristo revela una dimensi\u00f3n<strong> <\/strong>del car\u00e1cter divino en la forma de la conjunci\u00f3n de su justicia y amor<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>El car\u00e1cter de una persona se muestra en sus acciones, y as\u00ed mismo muestra Dios el suyo. <strong>Al ir a la Cruz, Cristo revela una dimensi\u00f3n del car\u00e1cter divino en la forma de la conjunci\u00f3n de su justicia y amor<\/strong>. Por una parte, el justo juicio de Dios se ha de expresar en el futuro, en el juicio final tras el cual la bondad reinar\u00e1; y en el pasado, en el costo del sacrificio, del juicio que se ejecut\u00f3 en la muerte de Cristo. Por otra parte, <strong>su amor se expresa de la misma manera tanto en la esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva, as\u00ed como en la voluntariedad de entrega hacia los seres humanos<\/strong>. En palabras de Stott, \u201clo que hemos recibido por la muerte expiatoria de Cristo no es una soluci\u00f3n al problema del dolor, sino una evidencia s\u00f3lida y segura tanto del amor de Dios como de su justicia, a la luz de lo cual nosotros tenemos que aprender a vivir, amar, servir, sufrir y morir\u201d (p. 53).<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, la conquista de los poderes del mal. Alguno podr\u00eda haberse preguntado, \u00bfc\u00f3mo puede conquistar cualquier cosa un muerto en una Cruz? Nos contesta nuestro anglicano que \u201cla reivindicaci\u00f3n del Cristianismo es que la realidad es exactamente la contraria de lo que aparenta\u201d (p. 54). <strong>En la Cruz, las potestades de las tinieblas son expuestas, desarmadas, como falibles, falaces y, en suma, insignificantes ante el poder\u00edo de Dios<\/strong>. Porque, y esto bien lo ense\u00f1aron los antiguos como el citado Gregorio, \u201cel abajamiento hasta la humanidad es sobreabundancia de la potencia, que no halla obst\u00e1culo alguno en las condiciones contrarias a su naturaleza\u201d (p. 101). <strong>Encarnarse no es rebajarse, es demostrar su omnipotencia y su muerte lo es tanto m\u00e1s, porque junto con ella iba a venir el milagro de la resurrecci\u00f3n<\/strong>. La \u201cbatalla c\u00f3smica\u201d de la Cruz, como la llama Stott, que entra\u00f1a la serie de posibilidades que Cristo habr\u00eda tenido para librarse de ella, acab\u00f3 con su f\u00e9rrea voluntad de divino amor por aquellos que vino a expiar y salvar mediante esa muerte. <strong>Su silencio y su voluntad para resistir el abandono mismo del Padre hasta el \u00faltimo aliento, aquello fue su victoria.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La Cruz, de ser signo de ignominia, se ha constituido signo de honra. De ser signo de muerte, se constituye signo de vida. De ser signo de maldad, es ahora signo de bondad. De ser signo aparente de una derrota, se vuelve signo de la victoria c\u00f3smica de un rey coronado con espinas ensangrentadas<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La Cruz, de ser signo de ignominia, se ha constituido signo de honra. De ser signo de muerte, se constituye signo de vida. De ser signo de maldad, es ahora signo de bondad. De ser signo aparente de una derrota, se vuelve signo de la victoria c\u00f3smica de un rey coronado con espinas ensangrentadas. As\u00ed, \u201cla Cruz sigue siendo aun el trono desde el que gobierna el mundo\u201d (p. 54). Puesto que, como ilumina la antigua sabidur\u00eda de Gregorio niceno, en la Cruz <strong>\u201ctoda la creaci\u00f3n mira a \u00c9l y est\u00e1 alrededor de \u00c9l, y por medio de \u00c9l se conjuntan todas las cosas\u201d<\/strong> (p. 119), entonces los misterios de la divinidad los aprendemos ya no solo por lo que o\u00edmos, sino por lo que vemos. Al ver la Cruz, hemos comprendido, dir\u00eda \u00e9l, \u201clos m\u00e1s altos conceptos\u201d. Nos recuerda el niceno que cuando se\u00f1ala Pablo la altura, hondura, anchura y largura del amor de Dios (Ef. 3, 18), estas dimensiones son una imagen, y esa imagen corresponde a las caracter\u00edsticas de la Cruz en que se expres\u00f3 el amor divino. <strong>Todo en el cosmos encuentra su centro en la Cruz, desde la cual fluye rebosante en su altura, hondura, anchura y largura, hacia todos los rincones de la creaci\u00f3n, el amor divino.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u201c\u00bfPor qu\u00e9 soy cristiano?\u201d, se pregunta nuevamente Stott. Entre otras razones, porque \u201cEs la Cruz la que le da credibilidad a Dios\u201d (p. 55). No podr\u00eda ser este un argumento adecuado para intentar convencer a un incr\u00e9dulo como Bertrand Russell, porque no cumple con ninguno de los criterios que su racionalidad podr\u00eda admitir. <strong>Pero para quienes han sido perseguidos por un Dios amoroso, reflexionar sobre el misterio de la batalla c\u00f3smica que tuvo lugar en el G\u00f3lgota en Semana Santa<\/strong> no puede sino ser una raz\u00f3n m\u00e1s para agradecer con humilde coraz\u00f3n quien Cristo es y contemplarle ante la Cruz con \u00edntima adoraci\u00f3n <strong>porque nunca de tan densa oscuridad ha emanado alguna vez tanta luz.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Referencias<\/p>\n\n\n\n<p>Nisa, Gregorio de. (2014). <em>La gran catequesis.<\/em> Madrid: Ciudad Nueva.<\/p>\n\n\n\n<p>Stott, John. (2007). <em>\u00bfPor qu\u00e9 soy cristiano?<\/em> Barcelona: Andamio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Luis Ar\u00e1nguiz Kahn Pocas personalidades evang\u00e9licas influyentes ha habido en el siglo XX que puedan recordarse como se recuerda a John Stott (1921-2011). Anglicano evang\u00e9lico, profuso comentarista de la biblia y pensador cristiano, ha sido una inspiraci\u00f3n permanente para quienes consideran que, como \u00e9l mismo dijo, creer es tambi\u00e9n pensar. 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