{"id":801,"date":"2017-04-01T14:15:52","date_gmt":"2017-04-01T14:15:52","guid":{"rendered":"https:\/\/pensamientopentecostal.wordpress.com\/?p=801"},"modified":"2017-04-01T14:15:52","modified_gmt":"2017-04-01T14:15:52","slug":"del-encanto-al-desencanto-pentecostal-por-miguel-angel-mansilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/del-encanto-al-desencanto-pentecostal-por-miguel-angel-mansilla\/","title":{"rendered":"Del encanto al desencanto pentecostal &#8211; Por Miguel \u00c1ngel Mansilla"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align:justify;\">Miguel \u00c1ngel Mansilla*<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Nota introductoria<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El presente texto es la reproducci\u00f3n completa del cap\u00edtulo final \u00abconclusiones generales\u00bb del libro de M. A. Mansilla<strong>\u00a0<\/strong><em><a href=\"http:\/\/www.antartica.cl\/antartica\/servlet\/LibroServlet?action=fichaLibro&amp;id_libro=189482\">La buena muerte: la cultura del morir en el pentecostalismo<\/a>.\u00a0<\/em>Santiago: Editorial RIL y Universidad Arturo Prat, 2016. 412 pp.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La obra es el resultado de la tesis doctoral en antropolog\u00eda del Dr. Mansilla, que consiste principalmente en un an\u00e1lisis sistem\u00e1tico de la cultura de la Iglesia Evang\u00e9lica Pentecostal y de la Iglesia Metodista Pentecostal, mediante la revisi\u00f3n met\u00f3dica de \u00f3rganos institucionales como las revistas <em>Chile Pentecostal<\/em> y\u00a0<em>Fuego de Pentecost\u00e9s, <\/em>con \u00e9nfasis en los a\u00f1os 1930-1940 y 1970-1980\u00a0.<em>\u00a0<\/em>Consideramos que las conclusiones generales de la obra son de fundamental importancia para comprender las transformaciones que ha vivido el pentecostalismo en Chile y pueden ser relevantes no solo para promover el an\u00e1lisis acad\u00e9mico sino, tambi\u00e9n, para proveer herramientas de \u00a0an\u00e1lisis que los propios creyentes pueden utilizar en la comprensi\u00f3n de su historia y teolog\u00eda. Agradecemos al Dr. Mansilla el permiso de publicaci\u00f3n de tan valioso extracto.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">L.A.K.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Conclusiones generales &#8211; Del encanto al desencanto pentecostal<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La muerte habla por la vida. Los vivos hablan por los muertos para referirse a la vida que dicen que vivieron sus muertos. En este estudio destacamos que la muerte estaba situada en el centro de la cultura pentecostal, algo que no se puede conocer entrando, como lo han hecho la gran mayor\u00eda de las investigaciones que existen hasta ahora, partiendo desde la observaci\u00f3n de las ritualidades mortuorias y funerarias. Nosotros hemos querido partir conociendo e interpretando los s\u00edmbolos y significados de la muerte, manifestada en los distintos relatos de vida, para conocer la vida de los pentecostales. Quisimos conocer la cultura del morir para conocer la cultura del vivir.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>\u00a0 La muerte fue representada por distintas met\u00e1foras que aluden desde la muerte tr\u00e1gica, la ominosa, a aquella que necesita de mayor presencia de la comunidad por el dolor que involucra. Partiendo desde la alusi\u00f3n a la idea primigenia del cristianismo, considerando el cementerio como un dormitorio, se subraya que los muertos van a dormir al cementerio hasta el momento de la resurrecci\u00f3n. Esta idea queda impresa en la Biblia y es tomada desde la cultura griega, la muerte como el dulce sue\u00f1o. Pero en el pentecostalismo los muertos van a dormir al cielo. Es una muerte-viaje, que significa espontaneidad por la partida y el periplo a la presencia eterna del tiempo primigenio y el espacio m\u00edtico, al lado de Dios; el acceso a una mansi\u00f3n celestial como una satisfacci\u00f3n diferida ante la ausencia de vivienda en la tierra. Es un espacio de coronaci\u00f3n, que es el final de la jornada, el lugar de la antorcha encendida y del laureo; aqu\u00ed no hay lugar para lo terrible y lo tr\u00e1gico, no hay espacio para la guada\u00f1a, sino para el galard\u00f3n; esperando la muerte como condecoraci\u00f3n a h\u00e9roes andrajosos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se concibe la muerte como descanso, que es la idea de metaforizar la muerte como jubilaci\u00f3n, una utop\u00eda del fin del trabajo, un lugar donde no existen m\u00e1s las necesidades. Por lo tanto, es un tiempo-espacio de la libertad absoluta. Mientras que en la tierra el ser humano se desnaturaliza, es un ser malo, ego\u00edsta, competitivo y acumulador de bienes, el cielo es un espacio comunitario y feliz, desalojado de la humanidad terrena. Es un llamado a trav\u00e9s de un \u00e1ngel de la muerte. Dios le avisa al moribundo de su viaje sin retorno, para preparar a la familia y a la comunidad. Por ello se resalta la necesidad de que existan en la Iglesia aquellas personas expertas en discernir los signos de la llegada del \u00e1ngel de la muerte. Pues nunca ser\u00e1 un fen\u00f3meno imprevisto para los que est\u00e1n atentos a las se\u00f1ales de Dios. El conocimiento de la cercan\u00eda de la muerte significa que las personas mueren cantando: la muerte no es nada m\u00e1s ni nada menos que un sue\u00f1o. Al ser un acontecimiento anunciado, permite perderle el miedo y el terror, y por ello los ritos mortuorios adquieren connotaciones sociales y pol\u00edticas distintivas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En virtud de todo lo anterior, los ritos funerarios pentecostales adquieren una profunda significaci\u00f3n proselitista; la muerte sirve para evangelizar, a\u00fan en su muerte el pentecostal \u201cgana almas\u201d. Por tanto, los ritos funerarios adquieren connotaciones proselitistas y el lecho mortuorio sigue siendo un acto p\u00fablico. Al ser la muerte un acontecimiento sabido, prepara psicol\u00f3gicamente a los familiares y la enfrentan con serenidad. Adem\u00e1s, el velatorio y los funerales son transformados en un tiempo c\u00faltico, en el que la muerte genera vida y la comunidad se reproduce: es decir, frente a su acaecimiento, los familiares tienen la oportunidad de escuchar el mensaje pentecostal y son interpelados a convertirse.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La muerte de un familiar era un tema serio, pero el velorio se hace m\u00e1s bien como una festividad, en que abundan los cantos religiosos, cenas y el compartir, pero alejado y ausente el alcohol y el tabaco. Se resalta la vida del finado como una victoria sobre la muerte, y los sermones hablan del pronto reencuentro de los familiares con el viajante. De modo que la muerte no es m\u00e1s que una breve separaci\u00f3n para juntarse en el cielo. Esto implicaba ser consciente de la precariedad y la brevedad de la vida, lo que induc\u00eda a estar preparado. Una vez que al muerto se le ha sepultado, ya no hay m\u00e1s responsabilidad sobre \u00e9l o ella, pues su esp\u00edritu se fue al cielo (Campos El\u00edseos) y su cuerpo a la sepultura (Hades).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Tanto el velorio como el funeral se transformaron en espacio de predicaci\u00f3n y conversi\u00f3n. El gran deseo de un pentecostal es que hasta su funeral sea un \u201cganador de almas\u201d, porque la muerte y la vida no son fen\u00f3menos esencialmente diferentes, sino dos caras de la realidad humana: la muerte produce vida y la vida produce muerte. La muerte de un fiel dejaba un vac\u00edo en la comunidad; por lo tanto, hab\u00eda que cubrir su vac\u00edo con la llegada de nuevos miembros, y los m\u00e1s proclives en estos momentos eran los familiares del finado.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el contexto interno, las divisiones del pentecostalismo, las luchas de poder, la muerte de los fundadores y los pentecostales descarriados y, en el contexto externo, las crisis pol\u00edticas, sociales y econ\u00f3micas produjeron fuertes anhelos por la muerte como una forma de protesta. Ellos no estaban inmunes a la muerte prematura de sus miembros, caracterizados por la pobreza y la miseria. Se vieron obligados a reinventar un discurso plausible sobre la muerte. La imaginaci\u00f3n de espacios posmortuorios paradis\u00edacos tranquiliz\u00f3 la conciencia frente a la cercan\u00eda fantasmag\u00f3rica de la muerte. El requisito m\u00e1s seguro de entrada al cielo y la exoneraci\u00f3n del infierno era ser pentecostal. Estos espacios posmortuorios cumplieron distintas funciones sociales y simb\u00f3licas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La vida del pentecostal, pobre entre los pobres, resultaba ser tan dura que no pod\u00eda vivirse en la crudeza de la pura realidad, se requer\u00edan recursos simb\u00f3licos para soportarla y enfrentarla, no solo como promesa esperada, sino tambi\u00e9n vivenciada. Estos recursos simb\u00f3licos se localizaron en el cielo. Para la concepci\u00f3n pentecostal el cielo es un espacio real y m\u00e1gico en donde los oprimidos virtuosos ser\u00e1n recompensados por su ascetismo y su vida anacoreta en la tierra. El cielo no es solo una promesa <em>post mortem<\/em> y futura, sino que tambi\u00e9n puede ser experimentado aqu\u00ed en la tierra como un tiempo y un espacio m\u00e1gico, que es construido por el Esp\u00edritu Santo en el coraz\u00f3n de cada creyente, en la comunidad pentecostal, en los cultos familiares, en la oraci\u00f3n, en la lectura b\u00edblica, en la predicaci\u00f3n callejera y en las vigilias. Es decir, existe un cielo diferido y un cielo vivido, as\u00ed como existe un infierno vivido y un infierno diferido.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el cielo diferido solo entrar\u00e1n los pentecostales virtuosos. Esta concepci\u00f3n paradis\u00edaca viene a cumplir dos roles fundamentales en el discurso religioso: un rol como esperanza y consuelo para soportar la injusticia social, la opresi\u00f3n y la miseria; y otro como control social sobre el alcoholismo, la sexualidad extramarital, la violencia y el ocio. Por otra parte est\u00e1 el cielo vivido, que es vida y muerte. Para vivenciar el cielo vivido hay que morir a trav\u00e9s de los distintos ritos de la muerte simb\u00f3lica, como el bautismo y la santa cena. El tiempo tambi\u00e9n es relativo: el pasado era considerado muerte y en el presente, la muerte ronda por doquier, mientras que en el futuro la muerte se convierte en vida eterna. En contraste, el para\u00edso vivido solo es vida para aquellos que vivencian los ritos y logran aceptar el para\u00edso diferido.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El cielo es el espacio m\u00edtico, como el \u201cy vivieron felices por siempre\u201d que aparece en los cuentos de hadas, felicidad que los pobres viven escasamente en la tierra. La felicidad se basa en la satisfacci\u00f3n de las necesidades b\u00e1sicas, por ello el cielo es ese espacio ideal deseado y nunca satisfecho en la tierra. Por el contrario, el infierno es el espacio de la necesidad multiplicada exponencialmente; representa la sumatoria de los miedos y, peor a\u00fan, un lugar del cual no se puede salir. Por ello, el infierno como discurso result\u00f3 tremendamente eficiente para la pr\u00e9dica pentecostal; al infierno no solo se iba por pecador, sino tambi\u00e9n por la desidia proselitista. El miedo al infierno fue el arma m\u00e1s poderosa para lograr que los conversos abandonaran pr\u00e1cticas transgresoras y adoptasen otras consideradas importantes para el grupo. Fue el l\u00e1tigo del fuego lo que encendi\u00f3 la pasi\u00f3n pentecostal por la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La recomendaci\u00f3n era prepararse cada d\u00eda para morir, ya sea f\u00edsicamente o a trav\u00e9s del premilenarismo (arrebatamiento). El mayor miedo era la muerte s\u00fabita, por el terror de ir al infierno. Se concibi\u00f3 el infierno como una entidad cosmol\u00f3gica. Las im\u00e1genes dantescas del infierno cumpl\u00edan tres funciones: primero, una funci\u00f3n disuasiva, porque al describirse el erebo como un lugar de fuego, oscuridad y de sufrimiento, blandea cualquier acto pecaminoso o deseo de vicios. Segundo, como punici\u00f3n simb\u00f3lica: el infierno es para los otros, los pirr\u00f3nicos, aquellos que no creen en el mensaje pentecostal. Por \u00faltimo, es un dilema del m\u00e1s all\u00e1. La idea de predicar sobre el averno era exponer las \u201cpenas del infierno\u201d y terminar predicando sobre los laureles paradis\u00edacos. De manera que los transe\u00fantes no ten\u00edan dudas en la elecci\u00f3n y terminaban aceptando la oferta pentecostal. Pero tambi\u00e9n era una forma de estimular la predicaci\u00f3n, concebida como una prescripci\u00f3n para alejarse del infierno.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El infierno se transform\u00f3 en un espacio de control, disciplina y castigo. Los hombres catec\u00famenos hab\u00edan sido alcoh\u00f3licos, delincuentes o violentos con su familia, y quienes no abandonaban estas talegas ten\u00edan como destino el infierno. A las mujeres se les exig\u00edan rigurosos controles sobre el cuerpo, especialmente vinculados con la bisuter\u00eda; deb\u00edan usar largos y anchos vestidos para evitar exhibir el cuerpo. Dichos controles les permit\u00edan diferenciarse de la vestimenta masculina. Se enfatizaba una fuerte demarcaci\u00f3n de g\u00e9nero a trav\u00e9s de la forma de vestir. Quienes no cumplieran con las exigencias rituales y demarcatorias estaban expuestos al infierno, y para ello sobran los ejemplos y testimonios de los visitadores a este lugar de ultratumba.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Sin embargo, el infierno no era solo un espacio infausto para el m\u00e1s all\u00e1; tambi\u00e9n varias representaciones se vinculan con el m\u00e1s ac\u00e1: era la condici\u00f3n experimentada por las personas como producto de la pobreza, la miseria y la explotaci\u00f3n. Esto se ve\u00eda aumentado con la enfermedad, el desempleo o la p\u00e9rdida prematura de alg\u00fan familiar. El infierno ten\u00eda una existencia real para los pobres, por lo tanto, muchas de las descripciones del m\u00e1s all\u00e1 infernal eran m\u00e1s bien una proyecci\u00f3n del m\u00e1s ac\u00e1. Tambi\u00e9n los conversos daban testimonio de su vida anterior como una vida infernal. El pasado para un pentecostal converso era otra asociaci\u00f3n con el infierno, una muerte de la conciencia y con el dolor constante. Frecuentemente se escuchaba decir: \u201cAntes, cuando estaba en el mundo, estaba muerto en delitos y pecados\u201d. Esto implicaba tambi\u00e9n una cr\u00edtica al catolicismo como una religi\u00f3n dominante y excluyente de los pobres. El pentecostalismo represent\u00f3 una estrategia de defensa frente a la discriminaci\u00f3n, la intolerancia religiosa y la violencia f\u00edsica que los pentecostales sufrieron en los distintos lugares durante el siglo XX, hostilidad que hemos llamado <em>pentecosfobia<\/em>. El infierno predicado por los pentecostales era un espacio favorito a donde se enviaban a los incr\u00e9dulos acusados de imp\u00edos (injustos) e inconversos. El infierno es la muerte eterna (mientras que el cielo es la vida eterna). Es el espacio en donde la explotaci\u00f3n y la opresi\u00f3n es absoluta: no hay derechos, ni justicia, ni libertad. Los pentecostales pod\u00edan enfrentar la muerte cara a cara y sin miedo, porque estaban seguros de que estaban libres de aquella muerte horrenda reservada para los que no creen, ni viven seg\u00fan los principios b\u00edblicos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Desde 1909 hasta 1932, podemos encontrar una igualdad entre los muertos; todos los pentecostales muertos son iguales (en el obituario de la revistas). Sin embargo, a partir del a\u00f1o 1932, hubo cambios a este respecto. Diversos acontecimientos: el cisma en el pentecostalismo que deriv\u00f3 en la Iglesia Metodista Pentecostal (IMP) y la Iglesia Evang\u00e9lica Pentecostal (IEP), la muerte de uno de los l\u00edderes fundadores del movimiento en el a\u00f1o 1933, y posteriormente la muerte de Hoover, en 1936, produjeron un cambio rotundo en la cultura pentecostal sobre la concepci\u00f3n de la muerte: puso al pastor pentecostal en un umbral superior de la comunidad de hermanos, pasando de la <em>fraternocracia<\/em> al <em>pastorcentrismo.<\/em> Desde esos a\u00f1os en adelante se inicia una diferenciaci\u00f3n no solo externa sobre la muerte (con el catolicismo), sino tambi\u00e9n interna: ahora aparecen los muertos honorables (pastores) y los muertos simples. Ambos conviven, y esta convivencia entre los grandes muertos y los muertos simples persiste (desde el a\u00f1o 1932) hasta el a\u00f1o 1986.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Los pentecostales, a contar del a\u00f1o 1932, encontraron una nueva forma de enfrentar la muerte, ahora como memoria colectiva. Las revistas se transforman en un pante\u00f3n de h\u00e9roes, hero\u00ednas y buenos muertos, lo cual permite resaltar la identidad pentecostal como un grupo religioso <em>pentecostante<\/em> que ha tenido que recorrer un largo \u00e9xodo por el desierto de la intolerancia religiosa en Chile, y se resalta la teodicea del sufrimiento, como resistencia a la <em>pentecosfobia.<\/em> En esta etapa, la muerte se enfatiza a trav\u00e9s de la memoria de los pastores, se construyen l\u00e1pidas mortuorias, poes\u00edas eleg\u00edacas, cenotafios y acr\u00f3sticos mortuorios. A trav\u00e9s de la po\u00e9tica mortuoria se resalta la teodicea del sufrimiento, en el cual aparece el pastor como modelo pentecostal, y con su muerte se le destaca su biograf\u00eda como memoria colectiva. En esta memoria se resaltan dos dimensiones simb\u00f3licas del pastor: una dimensi\u00f3n m\u00edtica referida a los mitos fundacionales, y una dimensi\u00f3n social llena de im\u00e1genes supletorias.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En una dimensi\u00f3n m\u00edtica, el pastor-h\u00e9roe es la imagen del pastor como un ser condicionado por el drama que lucha por el bien contra el mal. El pastor-vicario es la idea de que a los pastores los rodea el sacrificio individual y familiar. El pastor-monumento se destaca por su ambig\u00fcedad: son seres peque\u00f1os, pero una vez muertos se constituyen en seres grandes e inmortales. Las im\u00e1genes m\u00edticas son como la beatificaci\u00f3n que hace la comunidad sobre un pastor que vivi\u00f3 como servidor de ella, con una vida heroica y casi sobrehumana, luchando contra las condiciones intolerantes de la religi\u00f3n oficial y la tradici\u00f3n religiosa. A estos l\u00edderes religiosos se les recuerda con im\u00e1genes sobrenaturales y magn\u00edficas, as\u00ed como los h\u00e9roes cristianos que predicaban en condiciones de persecuci\u00f3n. Aunque las condiciones de esta comunidad son distintas, su lucha contra la intolerancia y la persecuci\u00f3n son vistas como similares.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En cuanto a las im\u00e1genes supletorias encontramos al pastor como maestro, como padre y como obrero. El pastor-maestro ense\u00f1a a los creyentes poniendo su vida como ejemplo de sacrificio, transformaci\u00f3n de vida y movilidad sociorreligiosa. El pastor-padre es aquel que viene a suplir al padre ausente y suple los bienes materiales y simb\u00f3licos de los conversos. Como padre, los pastores se presentaron como modelo de masculinidad. El pastor se presenta como gu\u00eda y modelo de hombre y padre, ense\u00f1\u00e1ndole al hombre responsabilidad frente a la familia y la vida; a tomar decisiones cuyas consecuencias tienen repercusiones individuales y familiares, inmediatas y a largo plazo. El pastor-obrero aparece en el recuerdo de que en los campos, los pastores pentecostales no fueron patrones, sino campesinos; en la ciudad no eran patrones, sino obreros. Y a medida que se extendi\u00f3 hacia el sur y al norte de Chile, por las caletas pesqueras, su modelo fue de pescador y agricultor. Cada uno de estos modelos fue reforzado en la Biblia. En el contexto minero, los pastores eran obreros que fueron a salvar obreros. Sin embargo, no creaban conciencia de clase, desincentivan los sindicatos, las movilizaciones, protestas y huelgas, consideradas como actos demon\u00edacos. El pastor, especialmente el de la IEP, aunque no ten\u00eda ni quiso tener conciencia de clase, era de la misma clase que los obreros y utilizaba el mismo lenguaje del trabajo: \u201cobrero de Dios\u201d, \u201csiervo de Dios\u201d, \u201chermano\u201d, \u201ccuerpo de voluntarios\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En cuanto a la memoria de las mujeres, encontramos a las pastoras, que son las esposas de los pastores, pero que en realidad tambi\u00e9n son l\u00edderes religiosas con autonom\u00eda de predicaci\u00f3n, sobre todo fuera de los templos, porque al interior quedan completamente excluidas de los p\u00falpitos. Destacamos cinco representaciones: esposa de pastor, copastora, predicadora, madre y visitadora social. Tambi\u00e9n encontramos la memoria de las madres-esposas. Aunque en el pentecostalismo se derriba la divinidad mariana y se resalta la divinidad de Jes\u00fas, se contin\u00faan valorando aspectos maternales y conyugales, cuando los mismos relatos muestran que hay otros aspectos de la mujer pentecostal. Pero los valores de liderazgo, de administraci\u00f3n y su habilidad para predicar son menos valorados y resaltados. Por lo tanto, no se le reconoce ni como pastora ni como predicadora de p\u00falpito. Hay cuatro im\u00e1genes que destacan aqu\u00ed la memoria materna: agricultora, obrera, madre y esposa.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pese a los contrastes entre los roles anquilosados y la memoria resaltada de las pastoras, los pentecostales no ser\u00edan lo mismo sin ellas; no tendr\u00edan el crecimiento y la expansi\u00f3n sin el cayado femenino; y sus l\u00edderes no\u00a0 tendr\u00edan el carisma y la legitimidad que han logrado, sin el b\u00e1culo femenil. Lograron situarse como una cultura religiosa que potenci\u00f3 a sus conversos con distintos recursos sociales y simb\u00f3licos: empoderaron a los excluidos y desheredados del pa\u00eds, especialmente a las mujeres; se daban testimonios que ellas recib\u00edan un mejor trato con la domesticaci\u00f3n y feminizaci\u00f3n de la masculinidad pentecostal. Sin embargo, aquello que tiene que ver con el acceso al poder y al liderazgo religioso termin\u00f3 siendo igual que casi todos los grupos religiosos: sacralizaron la exclusi\u00f3n de la mujer del p\u00falpito; expulsaron a las mujeres del podio, del pastorado formal y de los liderazgos administrativos. Para asegurar tal destronamiento, resaltaron la sumisi\u00f3n, el sometimiento y el silencio como virtudes femeninas. El fuego del Esp\u00edritu Santo no logr\u00f3 la desmasculinizaci\u00f3n del p\u00falpito y del altar, ni siquiera en la memoria del mito fundacional, desde donde fueron olvidadas todas las mujeres, partiendo por Elena Laidlaw (la hermana Elena).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Entre las grandes significaciones que el pentecostalismo le agreg\u00f3 a la muerte est\u00e1 la concepci\u00f3n premilenarista que se constituy\u00f3 en un discurso de la muerte. El premilenarismo no es un discurso lineal ni homog\u00e9neo, sino que su \u00e9nfasis va a depender de las condiciones sociales y de la sensibilidad carism\u00e1tica de los profetas para mantener o enfatizar el discurso. El premilenarismo confluy\u00f3 en dos discursos: el premilenarismo inminente (el arrebatamiento) y el premilenarismo inmanente (la muerte individual). La visi\u00f3n premilenarista se encuentra en el centro de la cultura pentecostal y se entrelaza con ritos, s\u00edmbolos, recursos y t\u00e9cnicas sagradas, mediadoras entre lo divino y lo humano. Estas t\u00e9cnicas sacras son los sue\u00f1os y las visiones en que profetas y profetisas pentecostales obtienen las revelaciones que permiten conocer la intensidad de la inminencia mesi\u00e1nica y estar preparados para la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Por su parte, el premilenarismo individual como la inmanencia de la muerte ha pasado por tres etapas. En primer lugar encontramos la muerte difusa o ambigua (1909-1931), cuando no hab\u00eda una preocupaci\u00f3n enf\u00e1tica por la muerte, sino que la inquietud pentecostal pasaba por la sobrevivencia del grupo reci\u00e9n separado. Aqu\u00ed se dan preocupaciones terrenas y normales como d\u00f3nde predicar, c\u00f3mo predicar, c\u00f3mo mantener un templo, qui\u00e9nes ser\u00e1n los encargados, c\u00f3mo conseguir fondos, etc. Es una etapa donde los espacios de las revistas eran ocupados por predicaciones y ense\u00f1anzas extra\u00eddos de revistas norteamericanas que alud\u00edan m\u00e1s bien a relatos acerca de la precariedad de la vida, la sencillez del cristiano y la vida distintiva, es decir, una preocupaci\u00f3n por constituir una identidad pentecostal.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Los profetas premilenaristas interrogaban constantemente a la naturaleza, en donde se generan las utop\u00edas del desastre, como una antesala de la era dorada. El desastre corrobora las profec\u00edas, afirma la fe y busca, a trav\u00e9s de los ritos, m\u00e1s desastres para captar nuevos adherentes y as\u00ed adelantar la venida mesi\u00e1nica. Pero tambi\u00e9n interrogan y diagnostican los desastres sociales: las guerras, hambrunas, pestes y muertes prematuras, como mensajeros de la muerte y caballos apocal\u00edpticos de las se\u00f1ales premilenarias por antonomasia.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En el segundo momento, la convivencia con la muerte (1932-1986), hay una familiaridad con la muerte, consider\u00e1ndola no solo como inevitable y precoz para los pobres, sino tambi\u00e9n como algo propicio. Al resaltar las ventajas de la muerte y el cielo como el eterno fin de la necesidad e imperecedera satisfacci\u00f3n, la vida fue perdiendo valor. La luz de la vida proyectaba la sombra de la muerte como algo pensado y deseado cada d\u00eda. La vida se transform\u00f3 en un valle de l\u00e1grimas y una in\u00fatil carga, solo una escuela para la muerte. La vida era la nada y la muerte era el todo: la vida estaba en la barca de la muerte. La vida nace y termina con la muerte. La idea de la vida como una posibilidad precaria genera angustia y culpa, porque a\u00fan no se ha alcanzado aquello a donde se debe llegar: la muerte. Por lo tanto, el dilema pentecostal frente a la muerte fue enfrentarla con miedo o con entereza. Finalmente, transformaron la muerte en aliada para predicar.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El hombre y la mujer fueron concebidos solamente como una posibilidad inacabada, inconclusa y siempre fatal \u2014y el pentecostal, un ser pobre y marginal para quien la muerte se adelanta y llega antes de la hora\u2014; el dilema ser\u00eda existir sosteni\u00e9ndose dentro de la nada o concebir la muerte como la \u00fanica posibilidad, una insuperable realidad; asumirla como una compa\u00f1era y aliada para ver el lado luciferino de ella en el cielo, o negarla como compa\u00f1era y entregarse al lado oscuro de ella en el infierno. Los pentecostales transformaron la muerte en una aliada.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En esta segunda etapa se muestra que la posibilidad pensada, consciente y reflexiva de la muerte, por parte de los pentecostales, no pasa por el ser religioso, sino que tiene que ver con el contexto hist\u00f3rico, social, pol\u00edtico y econ\u00f3mico que se estaba viviendo, en donde el hombre era reducido a la nada. La muerte se transform\u00f3 en un esperpento que hac\u00eda absurda y tr\u00e1gica la vida. La tragedia de la vida consist\u00eda en que Dios era un espectador del drama humano frente a un mundo que Dios mismo abandon\u00f3, como consecuencia de que el hombre lo abandon\u00f3 primero, por lo cual el mundo est\u00e1 gobernado por el diablo. Entonces Dios se oculta para ser encontrado por aquellos que lo buscan. En esto consiste la tragedia de la vida: vivir una vida conforme a los designios divinos en un mundo ajeno y diab\u00f3lico.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En su primera d\u00e9cada de existencia, el pentecostalismo estar\u00e1 preocupado de su autonom\u00eda organizacional. Una vez que logra sortear esos escarpados momentos comenzar\u00e1n las luchas por el poder y la distribuci\u00f3n de este al interior de las comunidades. Luego vendr\u00e1n las separaciones, divisiones y la aparici\u00f3n de nuevos grupos pentecostales. Las divisiones, m\u00e1s que debilitarlos, los potenciaron, porque comenz\u00f3 la lucha por el carisma y el cuestionamiento. \u00bfC\u00f3mo saber si se es salvo? \u00bfC\u00f3mo saber si se es lleno del Esp\u00edritu Santo? \u00bfC\u00f3mo conocer el carisma en un l\u00edder? \u00bfC\u00f3mo saber si se est\u00e1 preparado para la muerte? \u00bfC\u00f3mo obtener la seguridad del cielo y eludir el infierno?<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La credencial de vida\/muerte de un pentecostal fue ser un ganador de almas: \u201cMuertos para el mundo y vivos para Cristo\u201d. Los pentecostales dividieron su mundo simb\u00f3lico en dos: estaban los \u201cvivos espirituales\u201d y los \u201cmuertos espirituales\u201d. Un ganador de almas es aquel que est\u00e1 vivo espiritualmente. Porque el ganar un adherente para la comunidad pentecostal solo era el resultado del sorteo de un sinn\u00famero de ritos: orar, ayunar, vigilar, predicar en la calle, asistir a los cultos, hablar en lenguas y danzar. Todo esto ten\u00eda sentido si se lograba convertir a otros; de otra manera, solo ser\u00eda un c\u00edmbalo que reti\u00f1e. Un ganador de almas estaba preparado para morir en cualquier momento; era un conquistador de la muerte; no le tem\u00eda a la muerte, porque luchaba con la misma muerte para rescatar a las almas de sus garras. Un ganador de almas era, tambi\u00e9n, una credencial carism\u00e1tica indubitable para ser pastor. El que no ganaba almas estaba \u201cmuerto espiritualmente\u201d y el que ganaba almas estaba \u201cvivo espiritualmente\u201d y \u201cmuerto en la carne\u201d. El mayor desaf\u00edo de un pastor era transformar a sus congregados en potenciales ganadores de almas, pero tambi\u00e9n implicaba su mayor peligro. Tener un ganador de almas al interior de su Iglesia significaba una competencia y a la vez una evidente cr\u00edtica a su carisma. Una de las formas de resolver pac\u00edfica y leg\u00edtimamente este tema era d\u00e1ndole la oportunidad de abrir \u201cnuevas obras\u201d (templos) para que se desempe\u00f1ara como \u201cpastor probando\u201d; pero si el \u201cdisc\u00edpulo superaba al maestro\u201d, las divisiones eran insoslayables.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Ante los altos \u00edndices de mortalidad, la baja expectativa de vida masculina y la presencia de enfermedades y pestes propias de los sectores populares, los pentecostales se preocuparon por difundir representaciones oficiales de la muerte en distintas met\u00e1foras de vida, entre las que destacan las referidas a las muertes inesperadas, las cuales se presentaban como posibilidad de mayor premio en la eternidad. La muerte biol\u00f3gica es un fen\u00f3meno tan trascendental e insoslayable, que antes de ocurrir se comienza a resaltarla a trav\u00e9s de los s\u00edmbolos, met\u00e1foras y ritos, para no vivirla solamente como un puro universo f\u00edsico, sino en un universo simb\u00f3lico. Se la envuelve a trav\u00e9s de las met\u00e1foras de vida y de ritos para no huir de ella ni aterrarse, sino ser conscientes de su existencia e inevitabilidad. Pero adem\u00e1s significaba verla como rito de paso a la verdadera vida: la vida eterna. En contraste, la vida fue concebida con un sentido tr\u00e1gico.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La vida tr\u00e1gica es la m\u00e1s excluyentemente de todas las vidas. Por eso su l\u00edmite vital se funde siempre con la muerte. La vida real no alcanza nunca el l\u00edmite y no conoce la muerte m\u00e1s que como algo espantosamente amenazador, sin sentido, que corta repentinamente su curso. Para la visi\u00f3n tr\u00e1gica, destaca Lukacs, la muerte como l\u00edmite en s\u00ed es una realidad siempre inmanente, indisolublemente unida con cada uno de sus acontecimientos. La vivencia del l\u00edmite es la vivencia del despertar del alma a la conciencia, a la autoconciencia; la vida es tr\u00e1gica por su limitaci\u00f3n, y solo en la medida en que es limitada (Lukacs, 1985, 249). En esta conciencia tr\u00e1gica, la vida en s\u00ed misma carece de sentido: es un absurdo, es nada, es muerte. Solo la conversi\u00f3n a Cristo lleva a la vida y solo ganando almas se le pierde miedo a la muerte. Pero la muerte siempre est\u00e1 latente, a trav\u00e9s de la ca\u00edda, el retorno \u201cal mundo\u201d o la ruptura. Esta m\u00e1xima expresi\u00f3n del pesimismo antropol\u00f3gico se complementa con la idea de la inmanencia del mal, que est\u00e1 en los otros, pero tambi\u00e9n en nosotros; la amenaza exterior los fortaleces y los une, en cambio, la amenaza interior los hace m\u00e1s pesimistas y suspicaces. Por lo mismo, el mayor peligro de la comunidad pentecostal estaba en su interior.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Coincidente con los acontecimientos mundiales que se dieron en los a\u00f1os 30, como el fascismo, el franquismo, el nazismo y hechos nacionales como la crisis del salitre y el arribo de gobiernos populares, aparece en la literatura chilena la llamada Generaci\u00f3n del 38, la que, influenciada fuertemente por el marxismo, pondr\u00e1 la muerte, la miseria y la precariedad de la vida en el centro de la novela social. La gran diferencia est\u00e1 en que, para los novelistas, el ser humano es un ser arrojado al drama y a la tragedia de la vida por culpa de los capitalistas, los imperialistas y los oligarcas, que han transformado al hombre en el lobo del propio hombre. Por eso el hombre necesita ser redimido, ya sea por el Estado de compromiso o por el socialismo. Por el contrario, para los pentecostales, el hombre es una v\u00edctima de s\u00ed mismo, de sus decisiones y de la libertad que entrega a los designios demon\u00edacos, y por lo tanto necesita ser redimido por Jes\u00fas. Pero el sentido tr\u00e1gico no desaparece con la conversi\u00f3n, sino que el drama y la tragedia son inherentes a la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La conciencia tr\u00e1gica de la vida es porque la vida es siempre una vida en el mundo, y no ser del mundo. Por lo tanto, mientras se viva en el mundo, la vida no es. La vida solo es en Dios. Como se\u00f1ala Goldmann, para la conciencia tr\u00e1gica, la muerte, limitaci\u00f3n en s\u00ed, es una realidad siempre inmanente ligada indisolublemente a todo lo que vive, y por ello la conciencia tr\u00e1gica es una realizaci\u00f3n de la esencia concreta. Pero como el mundo no es para la conciencia tr\u00e1gica, la mirada de Dios obliga al hombre, mientras vive \u2014y mientras vive, vive en el mundo\u2014, a no participar ni gustar jam\u00e1s (Goldmann, 1985). Vivir en el mundo es vivir bajo el imperio de la muerte; solo viviendo cada d\u00eda cerca del Dios oculto, pero sentido por los pentecostales a trav\u00e9s del Esp\u00edritu Santo, es posible la vida por instantes que hab\u00eda que perseguir permanentemente.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Por otro lado, tambi\u00e9n estaba la \u201cmuerte en el mundo\u201d y la \u201cmuerte en Dios\u201d. La primera es la terrible y espantosa experiencia de la cual se huye siempre, pero cuanto m\u00e1s se corre, tanto m\u00e1s avanza, porque es una realidad ubicua que est\u00e1 dentro y fuera del ser, pero que siempre quiere apropiarse del ser para adormecerla, desmayarla y perder la conciencia de la existencia de Dios. Vivir bajo esta experiencia es vivir bajo el continuo desvanecimiento y en el momento en que sorprenda la muerte biol\u00f3gica, aparece la muerte en su m\u00e1s cruel y espantosa realidad: el infierno. Es el horror al fuego. De la muerte en el mundo y su consiguiente muerte infernal, nadie estaba libre, ni el pastor o el ganador de almas, porque cada d\u00eda estaba la posibilidad de ser absorbido por la muerte mundana y\/o la infernal. Para aquellos que gustaron la \u201cmuerte en Dios\u201d y luego fueron absorbidos por la \u201cmuerte en el mundo\u201d, no quedaba m\u00e1s esperanza, porque Dios es un ser extremo de amor o fuego consumidor; perdonador o vengativo. Como se\u00f1ala Goldmann, para esta conciencia, Dios es un ser implacable que descarga la vara sobre la menor falta, aunque no sea m\u00e1s que una peque\u00f1a infidelidad a la esencia. Ninguna riqueza, ning\u00fan esplendor de los dones del alma pueden atenuar su sentencia; una vida entera llena de acciones gloriosas no vale nada ante \u00e9l, si se ha violado un peque\u00f1o momento (Goldmann, 1985, 53).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por el contrario, la muerte en Dios significa morir para el mundo y vivir para Cristo; morir en la carne y vivir espiritualmente; morir al pasado y vivir para el futuro. La muerte en Dios implica que nada del mundo te interesa ni te atrae: ni la pobreza, ni la miseria, ni el hambre, ni el sue\u00f1o ni la escasa vestimenta: nada; porque son cosas del mundo. Porque el cuerpo es m\u00e1s que sus necesidades y el esp\u00edritu es m\u00e1s que el cuerpo. Dios lo es Todo, el mundo es Nada. Por lo tanto, la muerte en Dios es vida, la vida del mundo es muerte. Quien mor\u00eda para Dios, le pierde todo miedo a la muerte, porque esta es nada m\u00e1s y nada menos que un rito de pasaje a la verdadera vida. Por ello se pod\u00eda morir cantando, aunque se viviera llorando. Pero este fuego pod\u00eda ser apagado, sin advertencia, por el fr\u00edo del af\u00e1n mundano. Por ello hab\u00eda que vivir con el af\u00e1n diario de la venida de Cristo, ya sea en la muerte (individual) o en el arrebatamiento (muerte colectiva). Los espacios extintores m\u00e1s eficientes del fuego espiritual eran el trabajo (estertor y agon\u00eda) y el estudio (la letra mata).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Esta conciencia tr\u00e1gica de la vida, en el pentecostalismo se enfatiz\u00f3 en dos momentos: entre los a\u00f1os 1930-1950 y 1970-1986. Son los momentos cuando la muerte del mundo se hace imperiosa y cercana. La muerte persigue en todos lados: en la calle, en el trabajo o en la educaci\u00f3n y en la caja del diablo (radio, televisi\u00f3n). La muerte es como el efluvio que entra por todos lados a las precarias casas: las ventanas, las puertas o por cualquier agujero del hogar; estaba en la comida y en las amistades. Fueron \u00e9pocas en que la ubicuidad de la muerte instaba a no perder la conciencia, para no ser embargada por ella. La primera \u00e9poca (1930-1950) tiene que ver con la crisis del salitre, la crisis del campo y la precariedad urbana, en donde morirse de hambre era una realidad indiscutida. La segunda (1970-1986) tiene que ver con la crisis pol\u00edtica, en donde morirse de miedo tambi\u00e9n se constituy\u00f3 en una realidad apremiante e insoslayable. Fueron \u00e9pocas en que los \u00e1ngeles de la muerte del mundo sal\u00edan a las calles y atrapaban a los pobres y los desempleados en la primera; a los comunistas y los sospechosos de subversivos, en la segunda. Nadie estaba libre de la muerte y por ello hab\u00eda que vigilar, y no temerle, sino esperarla, porque ella se alimenta del miedo: al que tiene miedo le ocurre lo que teme. El que le tiene miedo a la muerte es alcanzado por ella.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Los \u00e9nfasis sobre la muerte se dan, justamente, en las dos \u00e9pocas (1930-1950; 1970-1986) cuando m\u00e1s crecen los evang\u00e9licos en Chile. Son los momentos de la historia chilena donde la diagnosis y el laudo pentecostal son pertinentes culturalmente con los signos y s\u00edntomas vividos por los sectores populares: incertidumbre, precariedad, desesperanza y abandono social. Las comunidades pentecostales se presentaban como comunidades alternativas generando conciencia social (comunidad de los pobres), utop\u00eda (comunidad de la esperanza) e identidad social (comunidad redentora). Son momentos en que la muerte adquiere sentido y se le pierde el miedo: ya no hay miedo por \u201cmorirse de hambre\u201d porque se resaltaba el ayuno como rito de purificaci\u00f3n espiritual; por lo tanto, el hambre adquiri\u00f3 sentido simb\u00f3lico. Por otro lado, al \u201cpan material\u201d tambi\u00e9n se le resignific\u00f3: \u201cNo solo de pan vivir\u00e1 el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios\u201d; la Biblia vino a disminuir la ansiedad por el hambre del pan real. Cada expresi\u00f3n popular como \u201cmorirse de fr\u00edo\u201d o \u201cmorirse de miedo\u201d fue un nuevo s\u00edmbolo. El morirse de fr\u00edo era satisfecho con el calor humano de la congregaci\u00f3n. Ya nadie pod\u00eda morirse de miedo, no se le ten\u00eda miedo ni siquiera al diablo: a lo \u00fanico que hab\u00eda que tenerle miedo era al infierno.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Sin embargo, a contar de la segunda mitad de 1980, a la muerte se le expulsa, quiz\u00e1s primero de la conciencia y luego de las revistas (1987-2009). Los pastores comienzan a mejorar la condici\u00f3n material de sus templos y de la casa pastoral; por tanto, la sociedad, que el pentecostalismo criticaba como muerta, comienza a cambiar. As\u00ed los pentecostales inician un proceso de secularizaci\u00f3n interna, que muchos buscaban, sobre todos los que ven\u00edan de cuna pentecostal, y otros lo rechazaban remembrando los temas del pasado como el cielo, el infierno, la muerte y el premilenarismo. A contar del a\u00f1o 1987 se comienza con un fuerte y notorio proceso de secularizaci\u00f3n de la comunidad y, por lo tanto, de la muerte. Como anunciaban algunos autores, el amor por la vida se tradujo en un apego apasionado por las cosas que resisten el aniquilamiento de la muerte (Aries, 1982; Morin, 2003). Entonces, el espejo de su propia muerte, cada individuo redescubre el secreto de su individualidad. En el instante en que los pentecostales comienzan a experimentar la movilidad social, quieren disfrutar de dichos beneficios y comienzan a aplazar la muerte con el silencio y la elusi\u00f3n escrita, disminuyendo la frecuencia de tal tema en las predicaciones. La muerte dejaba de ser esa compa\u00f1era que hac\u00eda consciente la precariedad de la vida. La vida ya no es tr\u00e1gica ni absurda: va a depender del sentido que cada individuo le asigne.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A partir del a\u00f1o 1987, los muertos son expulsados de las revistas, pero no todos, solo son omitidos aquellos muertos simples, que son la mayor\u00eda; mientras que los muertos honorables son resaltados y loados como los grandes. Los muertos honorables son los muertos milagrosos, aquellos que le han dado visibilidad al pentecostalismo en sus respectivas ciudades; son los muertos canonizados, que han construido templos y establecidos varias Iglesias. Esto muertos ilustres ser\u00e1n los \u00fanicos visibles, los \u00fanicos dignos de recordar; los dem\u00e1s mueren en el olvido institucional. La muerte ya no tiene grados, ni clasificaciones, ni extremos: solo suceder\u00e1. Ya no existe la \u201cmuerte en el mundo\u201d y la \u201cmuerte en Dios\u201d: solo existe la muerte a secas. No est\u00e1 la conciencia de la ubicuidad de la muerte, ni el poder inmanejable, ni una preparaci\u00f3n para ella. Es como si hubieran hecho un pacto con la muerte para que esta llegara una vez que se ha cumplido con los sue\u00f1os en la tierra. Ni miedo, ni apego; ni inquietud, ni intranquilidad: solo es un acontecimiento que debe suceder y listo. Los obituarios de las revistas fueron reemplazados por las fotos de los templos; la muerte fue desplazada por el testimonio de sanidad; los testimonios de los sencillos fueron reemplazados por las p\u00e1ginas sociales y las elucubraciones teol\u00f3gicas de los profesionales.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El pentecostalismo, que nace como una religi\u00f3n de refugio y \u00e9xodo, parad\u00f3jicamente se ha transformado en una de las religiones materialistas, preocupada de los templos y de que sus creyentes estudien y tengan mejores trabajos, quiz\u00e1s influenciado por el neopentecostalismo. Ahora, la oferta religiosa est\u00e1 dirigida en torno a la salud, trabajo, prosperidad, etc. Las pr\u00e9dicas y los mensajes religiosos manifestados en la m\u00fasica son mensajes terap\u00e9uticos, individualistas, economicistas y exitistas. Entre las grandes capacidades del pentecostalismo est\u00e1 su habilidad para adaptar su discurso al contexto social, cultural e hist\u00f3rico; por ello son los grupos religiosos que a\u00fan siguen creciendo, aunque muchos piensan que\u00a0 ya lleg\u00f3 al techo de su crecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los efectos que ha tenido la secularizaci\u00f3n en el pentecostalismo, como la pluralidad religiosa, la subjetivizaci\u00f3n de la religi\u00f3n y la existencia de una creciente mundanalidad, no han sido m\u00e1s que una magnificaci\u00f3n y un reencanto de aquellos procesos secularizadores. Esto ha derivado en que la gente que antes no se interesaba por el pentecostalismo, hoy lo haga, porque la oferta ya no est\u00e1 basada en la vida eterna, el cielo o el infierno, sino en c\u00f3mo ser feliz aqu\u00ed en la tierra. No obstante, la generaci\u00f3n de pentecostales de cuna se muestra desencantada por las altas exigencias y, a la vez, ineficiencia, de la comunidad religiosa; por lo tanto, se ha tornado en una comunidad que ya no necesitan, dado que lo que hoy importa son las redes.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El proceso secularizador del pentecostalismo se evidencia en cuatro aspectos concretos: 1) la exclusi\u00f3n de los muertos simples de las revistas; el reemplazo de los espacios necrol\u00f3gicos por las memorias de los muertos honorables; el exilio de la muerte por la sanidad y los milagros econ\u00f3micos; 2) el desinter\u00e9s por la creencia premilenarista debido a la movilidad social, el reconocimiento social y la legitimaci\u00f3n pol\u00edtica de los pastores; como, asimismo, la movilidad social de los creyentes a trav\u00e9s del inter\u00e9s por el estudio y el acceso a mejores condiciones laborales; 3) una abulia por el infierno y el cielo. Las predicaciones y el miedo por el infierno han disminuido y la sociedad chilena ya no es infernal. Las promesas celestes, como salud, vivienda, alimentaci\u00f3n, trabajo, paz y justicia, se viven en la tierra, aunque el cielo sigue siendo una promesa plausible, pero puede esperar un poco. Con el aumento de la expectativa de vida y el acceso a los estudios universitarios, se puede traer algo del cielo a la tierra; el futuro al presente; y la promesa, a realidad; 4) declive del fervor pentecostal; esto tiene que ver con la abulia, la p\u00e9rdida de la pasi\u00f3n pentecostal por predicar, asistir al templo o cumplir ritos sacrificiales de ayuno y oraci\u00f3n comunitaria; adem\u00e1s, hay un tendencia a la movilidad intrapentecostal; es decir, un creyente que va de una iglesia a otra.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0 En la conciencia pentecostal ahora est\u00e1 la bendici\u00f3n material: la prosperidad econ\u00f3mica, la salud, el cuidado del cuerpo, los estudios universitarios, la casa propia y el autom\u00f3vil propio. La buena muerte de un pastor es entregar la congregaci\u00f3n en manos de su hijo, con un templo de material s\u00f3lido, con el veh\u00edculo pastoral y con un reconocimiento sociopol\u00edtico. La buena muerte de un padre o de una madre es ver que sus hijos sean profesionales, tengan trabajo seguro, casa propia y asistan a la iglesia. La buena muerte ya no es morir predicando, sino \u201cmorir lleno de d\u00edas bendecido\u201d. El pentecostalismo chileno se ha estancado, sobre todo en las grandes denominaciones, por su lucha y fascinaci\u00f3n por el poder, y por el desencanto \u00e9tico que esto produce. Las \u00fanicas Iglesias pentecostales que seguir\u00e1n creciendo ser\u00e1n las peque\u00f1as comunidades, que continuar\u00e1n con el esp\u00edritu inicial del movimiento pentecostal, y en ello la mujer pastora tiene una gran importancia. Pero en las grandes Iglesias, sobre todo las del centro del pa\u00eds, las pastoras son excluidas e invisibilizadas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El pentecostalismo naci\u00f3 y se desarroll\u00f3 como un movimiento religioso comprometido con la verdad, la justicia y la equidad de los pobres, oprimidos y desheredados del pa\u00eds. Los pastores y pastoras adquirieron ese compromiso con empat\u00eda porque pertenec\u00edan a ese grupo social, Sin embargo, \u00bfhoy qui\u00e9n quiere identificarse con los pobres? O, m\u00e1s bien, \u00bfhoy qui\u00e9n se identifica como pobre?<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0Con todo, la muerte no puede morir, aunque se la quiera expulsar de la conciencia. Ella est\u00e1 siempre all\u00ed, agazapada, esperando el momento, tomando fuerza para volver. La muerte no ha muerto, solo est\u00e1 dormida; la muerte no se ha ido, est\u00e1 all\u00ed y volver\u00e1 como la hiedra con sus siete cabezas, expeliendo fuego, hollando personas, aterrorizando con su presencia. Porque Am\u00e9rica Latina es un continente desgraciado en donde los golpes militares suceden cada cierto tiempo, y con ellos llega tambi\u00e9n la muerte a las calles y los hogares: comienza por la casa grande y se extiende por las casas peque\u00f1as de los ciudadanos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Am\u00e9rica Latina es un continente donde el capitalismo es cada vez m\u00e1s feroz, haciendo de la vida una estad\u00edstica pasajera, donde las pestes creadas o aparecidas son un lucro para los oligopolios y una desgracia para los pobres. Es un continente donde el narcotr\u00e1fico avanza como un monstruo grande, que pisa fuerte en las calles; la delincuencia en las calles y en los hogares no mira clases sociales. Abundan los terremotos y desastres naturales. El mundo est\u00e1 constantemente amenazado por las luchas religiosas que hacen de la intolerancia y la persecuci\u00f3n un discurso solapado que amenaza con terminar en nuevas hogueras, haciendo de la tierra un nuevo infierno, una muerte m\u00e1s portentosa. Sin duda alguna, de acuerdo con estos signos, la muerte volver\u00e1 a ser ubicua en la conciencia pentecostal, pero ya no del viejo pentecostalismo, sino de uno nuevo, que a\u00fan no se avizora. Los pentecostales cada vez quieren ser menos conscientes de su muerte. Pronto, el proceso del morir ser\u00e1 un acto puramente individual y familiar. Al igual que a la sociedad en general, al individuo se le negar\u00e1 su derecho de saber que va a morir, por lo tanto, su derecho de ser libre y responsable. La \u00fanica buena muerte que existe hoy es relegar a la muerte de la conciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">*Soci\u00f3logo y Dr. en antropolog\u00eda. Investigador del Instituto de Estudios Internacionales (INTE) de la Universidad Arturo Prat, miembro de la Iglesia Asambleas de Dios en la ciudad de Iquique, Chile.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">_____<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Reproducido con autorizaci\u00f3n del autor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel Mansilla* Nota introductoria El presente texto es la reproducci\u00f3n completa del cap\u00edtulo final \u00abconclusiones generales\u00bb del libro de M. A. Mansilla\u00a0La buena muerte: la cultura del morir en el pentecostalismo.\u00a0Santiago: Editorial RIL y Universidad Arturo Prat, 2016. 412 pp. La obra es el resultado de la tesis doctoral en antropolog\u00eda del Dr. Mansilla, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":802,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[96,133,251,290,331,409,414],"class_list":["post-801","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ciencias-sociales","tag-ciencias-de-la-religion","tag-cultura-del-morir","tag-iglesia-evangelica-pentecostal","tag-la-buena-muerte","tag-miguel-angel-mansilla","tag-pentecostalismo","tag-pentecostalismo-chileno"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/801","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=801"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/801\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/media\/802"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=801"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=801"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/pensamientopentecostal.cl\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=801"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}