*Por Edgardo Mejía Muñoz
De aquellos elementos que conforman las tradiciones de Fiestas Patrias, uno que resalta con
especial ahínco a la población evangélica es la realización del Te Deum Evangélico. Dicho
evento se expresa cómo la máxima instancia relacional entre la iglesia y estado durante el
año; es la puerta de entrada del mundo evangélico ante el resto de la sociedad civil de una
manera cordial, formal y solemne. Ahora bien, un pensamiento que resalta a simple vista es la comparación -casi inevitable- del Te Deum Evangélico con otro evento tradicional de Fiestas Patrias, a saber, el Te Deum Ecuménico. En dicho ejercicio de comparación resaltan los distintos énfasis de la tradición evangélica-protestante y católica en el ejercicio de la fe, especialmente en las formas de comunicación de sus ideas y principios con la sociedad civil. En ese sentido, he de considerar que la iglesia evangélica, aprovecharía para bien observar al mundo católico, y especialmente, al arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, en la disposición y formas de dialogar con la sociedad y el mundo civil.
Tras la realización de la 51ra versión del Servicio de Acción de Gracias el pasado domingo
13 de septiembre, marcando el retorno de la instancia a la Catedral Evangélica de Chile
después de su última vez en 2018, en medio de polémicas relacionadas a los casos de
corrupción eclesiástica protagonizadas por el ese momento Obispo Eduardo Durán Castro.
Situación que dio pie al traslado de la ceremonia a otros templos evangélicos durante el
gobierno de Sebastián Piñera y Gabriel Boric. Dicho retorno fue protagonizado por el mensaje expuesto por el Obispo Héctor Cancino del Valle, presidente de la Plataforma Evangélica Nacional, y actualmente ordenado en la Iglesia de Dios, denominación de tradición pentecostal. Cuyo mensaje, basado en el libro de Nehemías, lo abordó con un fuerte énfasis a la crisis de seguridad que vive Chile en la actualidad y la necesidad de la reconstrucción moral y de la esperanza de Chile.
Ahora bien, en lo que refiere al Te Deum Ecuménico -discutible dicho ecumenismo por el
recurrente protagonismo del clero católico-, la homilía expuesta por el Cardenal Chomali
también poseía un énfasis en la seguridad, pero observándose una mayor variedad de
temáticas cómo la pobreza, la polarización, el declive de la natalidad y el desafío de la
inteligencia artificial. Ello, para concluir de una manera similar a la del Obispo, en miras de
la necesidad nacional de reconstrucción de la moral y la esperanza.
Ante la comparativa de ambos mensajes, podemos identificar en cada uno ciertos rasgos concernientes a las formas de expresar sus propias ideas ante la sociedad civil, y particularmente, de los énfasis de tópicos particulares de ambos y el tono que mantienen con el gobierno actual.
En el mensaje de Jotabeche, se puede identificar un tono a lo menos, coincidente, al gobierno actual. El énfasis preponderante al problema de la seguridad -principal argumento del relato político del gobierno- es un ejemplo claro de ello, de tal forma que incluso el mensaje se titula “Reconstruyendo con Esperanza”. La elección de estas palabras trae a memoria el más grande éxito que hasta ahora ha tenido el gobierno, que fue la aprobación en el congreso del Plan de Reconstrucción Nacional. Ahora bien, a pesar de que sería abusivo atribuir una referencia explícita y consciente a dicho proyecto de ley, no es cosa menor identificar una sintonía en el lenguaje de la prédica religiosa y del gobierno, que es por lo menos, sugerente.
Dicha sintonía adquiere mayor fuerza en tanto observamos el contenido bíblico en que se
basa el mensaje entregado por Cancino. El uso del libro del Profeta Nehemías nos coloca en
la reconstrucción de los muros de Jerusalén después de haber sido arrasada tras la deportación a Babilonia del pueblo hebreo. A partir del pasaje la prédica rescata cuatro puntos. En primer lugar, la necesidad de dejar la zona de confort en pos del trabajo por el bien común. (Neh 2:5,13,17) En segundo lugar, la necesidad de la fe en un Dios que nos prospera (Neh 2:18,20). En tercer lugar, la necesidad del trabajo colectivo (Neh 4:17) y en último lugar, la necesidad de la perseverancia ante los grandes desafíos (Neh 6:15).
A pesar de las referencias al lenguaje político del gobierno, esta parte destaca por representar una de las más grandes virtudes de la tradición evangélica; la centralidad de la Palabra de Dios y su rol orientador preponderante ante los problemas de la humanidad de hoy, que apalabras de Cancino “no descansa en las cambiantes ideologías políticas ni en promesas de cualquier gobierno de turno”, demostrando que incluso la sintonía al gobierno actual puede tensionarse ante la confrontación directa de las Santas Escrituras. Ahora bien, cuando observamos la homilía expuesta en la Catedral Metropolitana encontramos a un cardenal con un tono conciliador con el gobierno, pero que no deja de lado las tensiones proféticas y la puesta en palestra de temáticas que para la Iglesia de Roma debiesen ser prioritarios.
Un primer punto que es relevante destacar, es la referencia a los migrantes como sujetos
válidos y necesarios en la sociedad, la homilía inicia elogiando a Chile con sus “millones de
chilenos y migrantes yendo a trabajar después de ir a dejar a sus hijos al colegio”. Ello ya
genera la primera tensión con un gobierno que ha mantenido un discurso reticente a la
migración, y que en el mensaje de Jotabeche, es básicamente inexistente.
Un segundo punto sería el énfasis que el cardenal coloca en exponer los desafíos del país por
medio del tejido social y no solo en la institucionalidad. Por ejemplo, refiere al problema de
la inseguridad y la violencia, pero sin quitar el énfasis en los causantes de esta como lo es la
pobreza y desigualdad, a diferencia de Cancino que expone el problema principalmente desde
sus consecuencias. Dicho enfoque adquiere otro matiz cuando la propia iglesia pone en discusión temáticas que, para el gobierno no han sido necesariamente prioridad mediática, cómo lo sería el caso de la crisis de soledad en la sociedad actual. La exposición de este tema también destaca en el uso de estadísticas para desglosar de forma práctica y con rigor la problemática. Resulta pertinente indicar que la soledad, a pesar de que pueda ser abordada desde el estado, la solución última se hallará en el individuo y en su conexión con el tejido social.
En tanto, en la homilía del cardenal no se puede identificar de forma clara una complacencia
o desaprobación al gobierno de Kast. Mas bien, pareciere ser un “escepticismo de buena fe”.
Esa posición no parte desde una neutralidad cómoda de la iglesia ante los gobiernos de turno.
Mas bien, apunta a una autonomía de la iglesia para pensar las problemáticas sociales por
ella misma para el Pueblo de Dios en nuestros días, y así poder orientar al gobierno y a la
sociedad que quiera escuchar sobre el mensaje de la cruz y la misión de Dios para hoy. En este contexto la Iglesia Evangélica -con más de cincuenta Te Deum en su haber y con un testimonio que ha acompañado a toda la historia del Chile Republicano desde su fundación-
debiese pensar menos si está de acuerdo o en contra de lo que otros gobiernos quieren, para pensar en lo que esta misma quiere comunicar al país.
El mensaje del Evangelio es único e invariable, pero la situación del Pueblo de Dios si es
cambiante, y para llegar correctamente con el mensaje de salvación es necesario ver como
sufren los que sufren y sentarse a dialogar con el distinto. La Iglesia tiene que ser como el
Señor Jesucristo conversando con Nicodemo (Jn 3), y comer con Mateo el Publicano (Mt 9).
Observar el caso del cardenal no es para copiar de forma impremeditada sus formas, doctrinas
o ideas. Es más bien, un llamado de atención para que la Iglesia Evangélica pueda pensarse
a sí misma. Ya que, esta posee la hermosa bendición de tener el mensaje para vivir la fe
cristiana de la forma más plena posible, contenida en la Santa Escrituras que, con fervor, el
mundo evangélico pretende guardar y enseñar, en tanto que Roma no puede contener a
totalidad.
Sin embargo, ello carece de valor si no encuentra la forma de comunicar dicho mensaje, y la única forma de hacerlo es ser verdaderamente sal y luz de este mundo (Mt 5:13-16), para que la iglesia salga de su propia burbuja evangélica y vaya a dialogar con la sociedad civil. No con la finalidad de que la iglesia se adapte al mundo, al contrario, para que la Iglesia
transforme al mundo. Porque es imposible cambiar algo que no se conoce. Y Cristo, antes de
cambiar el corazón de sus hijos, los conoció mejor que nadie.