La identidad pentecostal: Su confesión de fe – Por Eric Martínez

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En años recientes, algunas de las iglesias pentecostales más grandes de Chile han enfrentado tensiones internas vinculadas a una pregunta decisiva: ¿Qué creen oficialmente como instituciones? A esto se le llama confesionalidad: la declaración pública, unánime y reconocible de la fe que una iglesia sostiene como cuerpo. Esta reflexión propone que nuestras iglesias necesitan recuperar, enseñar y asumir con claridad una confesión de fe que fortalezca su identidad, su unidad doctrinal y su continuidad histórica.

Lo primero es dar una breve y muy sintetizada explicación acerca de lo que es una confesión de fe, para luego referirme a la crisis actual y lo que la iglesia pentecostal chilena debería hacer. Entre las distintas denominaciones hay notas distintivas acerca de su personalidad o identidad. Por ejemplo, las iglesias bautistas creen que no se debe bautizar a los infantes; otras, como las presbiterianas, tienen una forma de gobierno específica, en la que no poseen un “obispo”, sino una pluralidad de representación. Así también están nuestras iglesias pentecostales, en las que tenemos un gran número de denominaciones, autónomas entre ellas, y sin ningún tipo de consenso institucional, pero que, en general, nos une la aceptación de que el Espíritu Santo obra, como en Pentecostés, con diferentes señales y milagros, dando dones sobrenaturales a su pueblo.

Todos los grupos de iglesias protestantes y evangélicas que he mencionado —y me faltaron muchos otros— son cristianos y hermanos nuestros en la fe. Sin embargo, tenemos legítimas diferencias en cuanto a lo creemos en algunos puntos doctrinales. Una confesión de fe es, en definitiva, una explicación breve, concisa y coherente de aquellos puntos principales que definen la doctrina principal de una iglesia.

A lo largo de los siglos, la iglesia sintió la necesidad de crear estos documentos, en los que declaraba o confesaba la fe que tenían acerca de alguna doctrina particular. Así, dentro de esta gran categoría, tenemos por ejemplo los credos. Un buen ejemplo sobre esto es el credo apostólico, que es una declaración trinitaria antigua que engloba los puntos más importantes, dado ese momento histórico, acerca de la doctrina que la iglesia tenía acerca de la Trinidad. Más tarde, surgieron otros credos, que enfatizaban otros puntos doctrinales, o ampliaban a los que ya existían.

Luego de la reforma protestante del siglo XVI, se hizo necesario especificar con mayor precisión la doctrina que cada iglesia o conjunto de iglesias tenían, explicando no solo una o dos doctrinas puntuales, sino abarcando un gran espectro doctrinal. Así, en resumidas palabras, nacieron las confesiones de fe.

¿Qué tiene que ver esto, con nuestras iglesias en nuestro tiempo? El movimiento pentecostal a nivel mundial es muy diverso, pero nosotros, como pentecostales chilenos, tuvimos la bendición que muchos otros no tuvieron: heredamos una confesión de fe. Este documento, los 25 Artículos de Fe del metodismo, es un ancla que nos une al pasado y nos hace parte de la historia de la Iglesia cristiana. Esta herencia confesional nos recuerda que el pentecostalismo chileno no nació desconectado de la historia de la fe cristiana, sino que recibió y conservó una herencia doctrinal que lo vincula con generaciones de cristianos que nos precedieron. No somos sólo un movimiento que tiene poco más de 100 años, somos parte de una historia mucho más antigua: somos parte de la historia de la Iglesia de Cristo.

Pero ¿Cómo nos llegaron estos artículos de fe? Como es sabido, el pastor Willis Hoover fue un ministro ordenado por la Iglesia Metodista Episcopal en Estados Unidos, y la confesión de fe de esta iglesia eran los 25 Artículos. ¿Y de dónde vienen estos artículos? El fundador del metodismo fue Juan Wesley, y él era ministro de la Iglesia Anglicana, la iglesia oficial de Inglaterra. Esta iglesia se independizó del papado romano en el siglo XVI durante la Reforma Protestante, y ella desde sus primeras décadas tuvo lo que se conoce como los 39 Artículos de la Religión. Estos artículos son claramente protestantes. 200 años después, Wesley los tomó y los redujo a 24, conservando en gran parte el lenguaje y palabras exactas de los originales. Luego, cuando la Iglesia Metodista Episcopal se funda en Estados Unidos en 1784, sus líderes añadieron un artículo más, de manera que se constituyeron en 25 artículos.

El Pastor Hoover, al salir de la Iglesia Metodista Episcopal para fundar la Iglesia Pentecostal en Chile, no abandona el metodismo, y por lo tanto, no abandonó los 25 artículos. De manera que el pentecostalismo chileno, a través de su fundador y principal líder, heredó de forma directa los 25 artículos de fe.

Me parece interesante hacer una breve pausa para hacer notar un hecho no menor. Wesley, si bien murió como ministro anglicano, es decir, no abandonó dicha iglesia, legó al movimiento que inició una confesionalidad basada en la de su iglesia “madre”. Si bien realizó una reducción de ellos, pasó de 39 a 24, no abandonó toda su doctrina, sino que la adaptó a la necesidad de ese movimiento. Por su parte, Hoover, cuando deja las filas metodistas, no abandona por ello el metodismo. Él mismo lo expresa diciendo que “no abandona el metodismo ni a Wesley”, es más, comenta que algunos querían cambiar todo, borrar toda huella de su pasado, y él mismo lo corrige, mostrando que aquella estructura era saludable, que la forma doctrinal y confesional de esa iglesia que dejaban, no estaba mal, que no era necesario dejarla atrás.

Aquí hay un elemento que me parece importante destacar: tanto Wesley como Hoover realizaron una adaptación, pero ninguno entendió esto como una ruptura con la herencia doctrinal que habían recibido. En ambos casos hay renovación y adaptación, pero también continuidad. Y esa continuidad es importante para entender que el pentecostalismo chileno no nació de la nada, ni mucho menos separado de la historia de la Iglesia, sino que llegó a nosotros llevando consigo una herencia doctrinal que venía de mucho más atrás.

Es probable que haya personas a las que este recorrido histórico no les parece importante. ¡Pero cuán lejos están de entender su verdadero significado! Hoy en día, vemos que el pentecostalismo ha avanzado en diversas direcciones; el movimiento original se ha fraccionado en miles de iglesias, y muchas de ellas, incluso algunas que son parte del tronco original, han ido perdiendo la confesionalidad que Hoover nos heredó. En algunos casos, esta pérdida se manifiesta al eliminar todo rastro de ella en sus documentos oficiales; en otros, al dejar de enseñarla y transmitirla en la práctica diaria de la iglesia. De esta manera, ya sea de forma activa o por la pasividad de no enseñarla, una parte importante de nuestra herencia doctrinal corre el riesgo de perderse.

Hoy al interior de nuestro mundo pentecostal hay muchas diferencias de opinión que son legítimas y que no afectan las doctrinas fundamentales de nuestra fe. Sin embargo, también hay iglesias donde los pastores no están en armonía respecto a sus creencias fundamentales y no cuentan con documentos confesionales que les den la unidad doctrinal que deberían tener. ¿Era necesario que se llegara a esto? La verdad es que el pastor Hoover, con una sabiduría que necesitamos en nuestros días, ya había dicho en 1921 que, gracias a haber conservado la doctrina metodista: “nos hemos salvado de la necesidad de estudiar y discutir y disentir sobre formas de expresión, términos y materias en las que de corazón estábamos de acuerdo”. ¿Cuántas disensiones doctrinales podrían haberse evitado en nuestro mundo pentecostal chileno si se hubiera seguido su consejo?

¿Hay elementos que deberían complementar los Artículos de Fe heredados? Pienso que sí, dado el contexto propio del pentecostalismo, sería muy útil añadir algunos apartados, a los ya existentes, acerca de nuestra fe pentecostal. Por ejemplo, un elemento tan identitario de nuestro movimiento chileno como el no evidencialismo, es decir, que hablar en lenguas no es necesariamente la evidencia de haber sido bautizado en el Espíritu Santo.

Nuestras bases doctrinales no son un simple registro histórico, sino una herramienta viva para definir los temas más fundamentales de nuestra fe y para que la membresía sepa con claridad qué cree la iglesia a la que pertenece. Por eso, el pentecostalismo chileno necesita recuperar los Artículos de Fe heredados, enseñarlos sistemáticamente y, cuando sea necesario, complementarlos con aquellos elementos propios de su identidad pentecostal, sin romper la continuidad con Wesley, el metodismo y Hoover. Una iglesia que recuerda lo que cree puede enseñar con claridad, discernir con unidad y avanzar sin perder su historia.