Advertencia metodológica: Este análisis no aspira a exhaustividad historiográfica, sino a visibilizar la pluralidad genealógica del pentecostalismo, trascendiendo el relato centrado en Azusa Street, Estados Unidos (1906). Al señalar expresiones carismáticas previas en tradiciones metodistas (Chile), presbiterianas (Corea) y luteranas (Suecia), se busca cuestionar el excepcionalismo anglocéntrico y destacar su arraigo transnacional como fenómeno polifacético, emergente de dinámicas locales y pneumatológicas diversas.
“Nadie debería jamás pretender hablar en nombre del movimiento, ni ninguna denominación debería pretender representarlo plenamente, pues es tan diverso en pensamiento como en práctica. El pentecostalismo, de alcance internacional, tiene muchas caras, habla una variedad de idiomas y se permite una multiplicidad de estilos de expresión. Tal vez por estas mismas razones, es poco probable que se escriba una Kulturgeschichte adecuada sobre el movimiento.”[1] (Bowdle, 2000).
Las palabras de Donald N. Bowdle resultan particularmente pertinentes en el actual debate sobre la identidad pentecostal. Su observación destaca la naturaleza multifacética del pentecostalismo, el cual, lejos de ser un movimiento monolítico, es una expresión teológica y eclesial sumamente diversa. En un contexto donde ciertos sectores buscan establecer límites excluyentes sobre qué constituye la verdadera identidad pentecostal, es fundamental recordar que la esencia del pentecostalismo radica precisamente en su carácter transdenominacional y su apertura a diversas expresiones doctrinales y litúrgicas. El pentecostalismo, tanto en su dimensión doctrinal como en su praxis eclesial, se ha desarrollado de manera plural y contextualizada. No se trata de un «travestismo teológico», como algunos peyorativamente han sugerido, sino de una dinámica inherente al propio movimiento. Su origen no responde solo a la fundación de nuevas estructuras denominacionales, sino a una renovación espiritual emergida en el seno de iglesias preexistentes. De hecho, el pentecostalismo surgido a finales del siglo XIX y principios del siglo XX no puede desligarse de su raíz en movimientos de santidad dentro de tradiciones metodistas, bautistas, luteranas, presbiterianas y anglicanas. Estas denominaciones fueron el contexto en el cual emergieron los primeros testimonios de glosolalia, sanidades y avivamiento espiritual, que posteriormente dieron forma a la identidad pentecostal. Es fundamental subrayar que el pentecostalismo dentro de las denominaciones clásicas precede al pentecostalismo denominacional norteamericano que emergió a partir de 1906. Antes del avivamiento de la calle Azusa y de la consolidación de nuevas organizaciones pentecostales en los Estados Unidos, ya existían manifestaciones carismáticas en diversas tradiciones eclesiásticas a lo largo del mundo. Este hecho contradice la narrativa predominante que ubica el pentecostalismo exclusivamente en el contexto norteamericano y resalta su desarrollo previo en espacios eclesiales establecidos en Europa, América Latina, Asia y África.
La periodización clásica del pentecostalismo en tres «olas» resulta limitada para comprender su desarrollo histórico. Sin embargo, como menciona Allan Anderson (2007) es útil para reconocer y destacar el momento en que las tradiciones protestantes históricas comienzan a abrirse oficialmente al movimiento. Si bien la llamada «segunda ola» es comúnmente situada en la década de 1960 dentro de iglesias históricas, evidencias historiográficas demuestran que manifestaciones pentecostales estaban ya presentes desde etapas previas en diversas tradiciones eclesiásticas de Europa, Latinoamérica, Asia y África.[2] En particular, en la década de 1830, Edward Irving y su movimiento en la Iglesia Presbiteriana en Inglaterra promovieron la restauración de los dones carismáticos, mientras que en el continente africano y latinoamericano surgieron comunidades cristianas que experimentaron avivamientos con características similares al pentecostalismo moderno. Esta diversidad en la identidad pentecostal está condicionada precisamente por la pluralidad cultural y religiosa denominacional del movimiento. La capacidad del pentecostalismo para integrarse en diferentes contextos eclesiales ha permitido que sus expresiones sean moldeadas por las tradiciones teológicas y litúrgicas preexistentes. Esto explica por qué las manifestaciones del pentecostalismo en Asia, Europa, América y África han asumido formas particulares, sin perder su esencia común de un encuentro experiencial con el Espíritu Santo.
Este fenómeno puede observarse en diferentes continentes:
Asia
- India: Desde 1903, ya se vivían experiencias pentecostales como profecías y sanidades divinas en los servicios de avivamiento de oración, con la Iglesia Metodista como pionera. Pandita Ramabai, una influyente cristiana de trasfondo anglicano, lideró un avivamiento carismático en Mukti en 1905, donde se reportaron manifestaciones del Espíritu similares a las del pentecostalismo moderno.
- Corea: A principios del siglo XX, el avivamiento de Pyongyang en 1907, dentro de la Iglesia Presbiteriana, marcó un hito en la historia cristiana de Corea. Este movimiento, influenciado por misioneros metodistas y presbiterianos, estuvo caracterizado por fervientes oraciones, confesiones públicas de pecados y experiencias similares a las pentecostales, como el hablar en lenguas y sanidades. La Iglesia Presbiteriana, que inicialmente sostenía en sus artículos confesionales la creencia en el cesacionismo, tuvo que enmendar su postura ante los milagros sobrenaturales que estaban ocurriendo. En respuesta, publicó un documento titulado «La certificación de los milagros», reconociendo la realidad de las manifestaciones espirituales.[3](Burgess & Van Der Maas, 2002).
Europa
El pentecostalismo europeo destacó por su enfoque ecuménico y diversidad teológica, integrando líderes de distintas tradiciones cristianas sin rupturas con sus denominaciones originales. Figuras como el metodista T.B. Barratt, el anglicano A.A. Boddy, el bautista Lewi Pethrus y el evangelista Smith Wigglesworth (vinculado a los Hermanos) mantuvieron sus raíces eclesiales mientras promovían la experiencia pentecostal. Esta pluralidad, presente desde sus inicios, reflejó una identidad transconfesional que priorizó la unidad espiritual sobre divisiones doctrinales, consolidando un movimiento cohesionado por la vivencia carismática más que por estructuras institucionales.
- Gales: El pentecostalismo en Gales se nutrió del avivamiento galés (1904–1905), liderado por Evan Roberts, un movimiento metodista calvinista que, aunque no estrictamente pentecostal, sentó las bases con su énfasis en la experiencia espiritual, la oración ferviente y manifestaciones emotivas. Este contexto facilitó la llegada de la Iglesia Elim Pentecostal, fundada en Irlanda en 1915 por el evangelista galés George Jeffreys. Bajo su liderazgo, Elim —que promovía el cuádruple evangelio (salvación, sanidad, bautismo del Espíritu Santo y segunda venida de Cristo)— expandió su influencia en Gales durante las décadas de 1920 y 1930 mediante campañas masivas, marcadas por sanidades y conversiones dramáticas. (Elim Pentecostal Church, n.d.) La denominación se consolidó como un pilar del pentecostalismo británico, integrando la herencia revivalista galesa con prácticas carismáticas, y actualmente cuenta con congregaciones activas en ciudades como Cardiff y Swansea, manteniendo su enfoque misionero y comunitario.
- Noruega: Según Paul Schmidgall (2011) El pentecostalismo en Noruega se gestó en un contexto de fervor espiritual impulsado por grupos protestantes como bautistas, metodistas, congregacionalistas y el Ejército de Salvación, quienes, a principios del siglo XX, promovieron avivamientos locales. Un hito clave fue el avivamiento liderado por Albert Lunde y Modalsli en Oslo (1905), que preparó el terreno para la llegada del movimiento carismático. Thomas Ball Barratt, pastor metodista, desempeñó un rol central al viajar a Estados Unidos en 1905, donde conoció el avivamiento pentecostal de Los Ángeles. Tras experimentar el bautismo del Espíritu Santo en Nueva York (noviembre de 1906), Barratt regresó a Noruega e inició reuniones públicas en Oslo, destacando la primera asamblea masiva el 26 de diciembre de 1906, donde se manifestaron dones como el hablar en lenguas. Aunque las primeras reuniones tuvieron asistencia limitada, el movimiento ganó notoriedad mediática nacional e internacional, atrayendo multitudes que desbordaron los espacios y requirieron intervención policial. La predicación de Barratt, centrada en testimonios personales y fundamentos bíblicos sobre los dones espirituales, consolidó un avivamiento que transformó el panorama religioso noruego.
- Suecia: Bajo la influencia del noruego Thomas B. Barratt, pionero del pentecostalismo europeo, pastores suecos como el bautista Lewi Pethrus (Synan, 2006) llevaron el mensaje pentecostal a Suecia tras visitar Oslo en 1907, impulsando avivamientos en congregaciones luteranas y bautistas que adoptaron prácticas como el hablar en lenguas y la sanidad divina (Anderson, 2013). Pethrus, inicialmente pastor bautista, se convirtió al pentecostalismo tras su encuentro con Barratt y asumió el liderazgo de la Iglesia Filadelfia en Estocolmo (1911). Expulsado de la denominación bautista en 1913 —formalmente por permitir la comunión a no bautizados, no por su adhesión pentecostal—, mantuvo una eclesiología congregacionalista, rechazando estructuras denominacionales. Bajo su dirección, Filadelfia se consolidó como la congregación pentecostal más grande del mundo hasta los años 1960, destacando su programa misionero agresivo, hasta ser superada por iglesias en Corea y Chile. Su legado fusionó carisma y pragmatismo, reflejando la expansión global del movimiento analizada por Anderson (2013).
- Alemania: A principios del siglo XX, el pentecostalismo llegó a Alemania bajo influencia de líderes europeos como Thomas B. Barratt, permeando denominaciones protestantes tradicionales (luteranas y reformadas) y generando congregaciones carismáticas dentro de estas. Su desarrollo se vinculó al Pietismo luterano, liderado por el pastor Jonathan Paul y centrado en la Asociación de Mülheim, que integraba prácticas como el hablar en lenguas y la sanidad divina. La oposición de la Iglesia Evangélica Estatal y grupos pietistas tradicionales culminó en la Declaración de Berlín (1909), que condenó el movimiento como influenciado por «espíritus de abajo». En respuesta, la Declaración de Mülheim (1909) reafirmó el avivamiento como obra del Espíritu Santo, consolidando a esta asociación como la principal expresión pentecostal alemana, caracterizada por fusionar el fervor carismático con la autonomía congregacional y las raíces luterano-pietistas, legando un modelo único de renovación espiritual dentro de la tradición protestante. (Bornhardt, 2018)
América del Sur
- Chile: Las raíces del avivamiento pentecostal en Chile tuvo sus inicios en 1902, cuando círculos de oración Metodistas Wesleyanos en Valparaíso comenzaron a experimentar manifestaciones espirituales inusuales, interpretadas en ese momento dentro del marco del movimiento wesleyano de santidad. Este avivamiento fue independiente del de Azusa Street (1906), ya que su primer contacto con experiencias similares en otros lugares ocurrió en 1907, a través del folleto de Minnie Abrams sobre el avivamiento de la Misión Mukti Sadan en India. (Sepúlveda, 2023). No obstante, fue en 1909, bajo el liderazgo del pastor metodista Willis Hoover, cuando el movimiento adquirió una identidad pentecostal definida. Su desarrollo desafía la idea de que el pentecostalismo latinoamericano fue solo una extensión del avivamiento estadounidense, posicionándolo como un fenómeno autóctono. La historia de este avivamiento fue documentada en la revista Fuego de Pentecostés (1928-1930) y en Historia del Avivamiento Pentecostal en Chile (Hoover, 1930).[4]
- Brasil Allan Anderson (2013) señala que el pentecostalismo en Brasil tiene sus raíces en el ministerio de William J. Durham (1873–1912), quien en 1907 promovió la doctrina de la «obra consumada» (Finished Work), enfatizando la santificación como un proceso instantáneo vinculado al bautismo del Espíritu Santo, lo que influyó en misioneros como los suecos Daniel Berg y Gunnar Vingren, exmiembros de la Iglesia Bautista Sueca en EE.UU., quienes, tras ser impactados por el avivamiento pentecostal en Chicago, fueron expulsados de su denominación y llevaron estas enseñanzas a Brasil en 1911, fundando las Assembleias de Deus en Belém do Pará, la primera y mayor denominación pentecostal del país, caracterizada por su énfasis en el bautismo del Espíritu Santo, la sanidad divina y la predicación carismática; paralelamente, el italiano Luigi Francescon, inmigrante y exmiembro de la Iglesia Presbiteriana Italiana en EE.UU., también influenciado por Durham, estableció en 1910 la Congregação Cristã no Brasil, consolidando otra denominación histórica que, junto con las Assembleias de Deus, expandió el pentecostalismo entre comunidades urbanas y rurales, adaptando prácticas como el hablar en lenguas y la sanidad divina al contexto brasileño, hasta convertirse en un movimiento que hoy representa a más del 20% de la población, con un impacto significativo en la religiosidad y cultura del país.
Estos ejemplos evidencian que el pentecostalismo no surgió aislado, sino que emergió y se integró dentro de diversas denominaciones cristianas tradicionales en múltiples continentes, mucho antes de la década de 1960. Esta diversidad en sus orígenes subraya la naturaleza transdenominacional y global del movimiento pentecostal.
Ignorar esta realidad implica una reducción indebida de la historia y teología pentecostal. Su esencia no puede ser confinada a una sola expresión dogmática o litúrgica, sino que debe ser comprendida como una manifestación del dinamismo pneumatológico dentro del cristianismo. La acción del Espíritu Santo, en su soberanía, ha suscitado un pentecostalismo polifacético, enraizado en distintas tradiciones eclesiales y culturas, reafirmando así su carácter universal y su vocación ecuménica.
Bibliografía
Anderson, A. (2007). El pentecostalismo: El cristianismo carismático mundial (Trad. M. Álvarez). Ediciones Akal.
Burgess, S. M., & Van Der Maas, E. M. (Eds.). (2002). The New International Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements (2ª ed.). Zondervan.
Bowdle, D. N. (2000). Informed Pentecostalism: An Alternative Paradigm. En T. L. Cross & E. B. Powery (Eds.), The Spirit and the Mind: Essays in Informed Pentecostalism (pp. 9–20). University Press of America.
Robeck, C. M. (2006). The Azusa Street Mission and Revival: The Birth of the Global Pentecostal Movement. Thomas Nelson.
C. M. Robeck, Jr. & A. Yong (Eds.), The Cambridge Companion to Pentecostalism. Cambridge University Press
Sepúlveda, J. (2023). Pentecostalismo a la chilena: Particularidades, rasgos teológicos y su impacto en la sociedad. UAH, Universidad Alberto Hurtado Ediciones.
Synan, V. (2006). El siglo del Espíritu: 100 años del Avivamiento pentecostal y carismático. Editorial Peniel.
Schmidgall, P. (2011). European Pentecostalism: Its Origins, Development, and Future. Brill.
Bornhardt, P. (2018, 9 de julio). Pentecostalismo y pietismo en Alemania. Declaraciones históricas I. Pensamiento Pentecostal. https://pensamientopentecostal.cl/pentecostalismo-y-pietismo-en-alemania-declaraciones-historicas-i-por-patrick-bornhardt/
Elim Pentecostal Church. (n.d.). Introducing George Jeffreys. Elim Pentecostal Church. https://www.elim.org.uk/Articles/410269/Introducing_George_Jeffreys.aspx
[1] Bowdle, D. N. (2000). Informed Pentecostalism: An Alternative Paradigm. In T. L. Cross & E. B. Powery (Eds.), The Spirit and the Mind: Essays in Informed Pentecostalism (pp. 9–20). University Press of America.
[2] Anderson, A. (2007). El pentecostalismo: El cristianismo carismático mundial. Ediciones Akal.
[3] Burgess, S. M., & Van Der Maas, E. M. (Eds.). (2002). The New International Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements (2ª ed. revisada y ampliada). Zondervan.
[4] Sepúlveda, J. (2023). Pentecostalismo a la chilena: Particularidades, rasgos teológicos y su impacto en la sociedad. UAH, Universidad Alberto Hurtado Ediciones.