A Jacob amé y aborrecí a Esaú – Por José Silva Araya

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Nota introductoria

La doctrina bíblica de la elección divina a veces es difícil de comprender, es por eso que se prefiere no hablar de ella entre pentecostales. Sin embargo, también hay quienes se han dado la tarea de explicarla con sencillez. Uno de ellos fue el pastor presbítero de la Iglesia Evangélica Pentecostal, José Silva Araya, cuando en 1975 escribió una editorial en la revista oficial de la iglesia para desarrollar este complejo concepto de manera sencilla para la hermandad pentecostal.

En PP se han recuperado textos históricos que son patrimonio del movimiento pentecostal chileno escritos por distintos pastores de la tradición. Por la escasez de material sobre este tema doctrinal, en esta ocasión se ha querido recuperar la editorial «A Jacob amé y aborrecí a Esaú», aparecida en la revista Fuego de Pentecostés N° 547 de marzo de 1975, pags. 3-4. A la sazón, su autor, el mencionado pastor Silva, era director de la revista. Se han hecho ajustes menores en mayúsculas y puntuación para distinguir las citas bíblicas. En una oración se ha agregado excepcionalmente una palabra entre corchetes para completar una expresión habitual en la cual dicha palabra estaba ausente, tal vez por detalle de edición.

Pensamiento Pentecostal


A Jacob amé y aborrecí a Esaú
(Malaquías 1:2-3)

En esto han tropezado muchos incrédulos, profanos y libres pensadores, atribuyéndole una injusticia a Dios por haber amado a Jacob y aborrecido a Esaú. En ello quieren ver una injusticia de Dios y falto de misericordia. Pero esto es el efecto de no conocer el grande e inmenso amor de Dios el que haya tenido misericordia de Jacob.

Hoy día nosotros los cristianos por misericordia hemos podido apreciar el inmenso amor de Dios hacia nosotros, que Él nos buscara; en efecto, su Palabra nos dice: “No me elegisteis vosotros a mí, sino yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto y vuestro fruto permanezca, para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé” (Juan 15:16).

Esto debe hacernos pensar que aquel día o momento glorioso en el cual Dios tuvo misericordia de nosotros, habían millares de millares de seres mejores que nosotros, más dignos y más acreedores a estas misericordias. Sin embargo, Dios lo escogió a Ud. y me escogió a mí y con esto se cumple su Palabra en nosotros: “Y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente con el que seré clemente” (Éxodo 33:19).

¿Podrá el hombre corregir a Dios o dictarle consejo? Dios [obra] como Él quiere, sólo a nosotros nos resta reconocer su misericordia y darle gracias por habernos escogido.

SANTA RESIGNACIÓN

Cierta niña que fue privada de la vista y muy compadecida de sus compañeras, su profesor que también era cristiano le preguntó qué pensaba ella en su corazón de que Dios le hubiera privado de la vista; ella muy conforme le contestó a su profesor: “Así le ha placido a Dios, en su sabia providencia, privarme de la vista, todo lo que Dios hace es bueno”. ¡Qué hermosa respuesta! Porque en Dios no hay despropósito alguno.

No hay duda que el primado estaba sobre Esaú, la primogenitura y el mayorazgo en la casa de su padre, pero Esaú la despreció, y no sólo la despreció sino que además hizo lo que a su padre le desagradaba buscando mujeres que no eran de su pueblo.

Así también Israel despreció a su Mesías colgándole en una cruz y pidiendo la libertad de un homicida gritaba: “La sangre de éste sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos…” (Mateo 27:25). Entonces Dios en su grande amor deja a un lado Israel, aunque por un momento, para tener misericordia de nosotros.

Pablo y Bernabé hablando con denuedo dijeron: “… A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; más puesto que la desecháis y no juzgáis digno de la vida eterna aquí, nos volvemos a los gentiles” (Hechos 13:46).

En todo esto no vemos despropósito alguno de parte de Dios sino la fiel y grande misericordia de Dios hacia los suyos.

J. S. A.