Mucho se ha dicho acerca de la incompatibilidad de una unión entre las posturas de la teología reformada y el mundo pentecostal. Estas críticas vienen de ambos lados. No es parte de mi interés valorar si dichas opiniones son críticas que destruyen o construyen. Lo que si valoraré, mediante un breve alcance histórico, es si, al menos en su raíz, podemos encontrar puntos de unión entre ambas tradiciones. Por supuesto, si es así, quedará un largo camino para construir esta unidad.
Es bien sabido que el pentecostalismo chileno, al cual me refiero normalmente en mis escritos, es originario del metodismo; y éste, a su vez, nace del anglicanismo, el cual es parte de la tradición reformada. A partir de esto, intentaré mostrar cómo las raíces, tanto doctrinales como históricas del pentecostalismo chileno, nos permiten considerar la compatibilidad de éste con la tradición reformada.
Para Juan Sepúlveda, el movimiento pentecostal chileno, “en la práctica se transformó en el verdadero heredero del método misionero de William Taylor”[1]. Este método misionero, consistía, a grandes rasgos, en “una iglesia que se auto-gobierne, se auto-sustente y se auto-propague”[2]. ¿Por qué incluyo esto aquí? Porque “no se puede entender el pentecostalismo chileno sin entender el metodismo chileno”[3]. De hecho el mismo Sepúlveda dice que “hasta el día de hoy, el pentecostalismo chileno sigue siendo ‘metodista’ en su énfasis”[4].
¿Qué es el metodismo?
En 1729, en Oxford, un grupo de jóvenes miembros de la Universidad del mismo nombre, se reunían para leer el Nuevo Testamento, “se atribuyó el nombre de ‘metodistas’ a los líderes y partidarios del movimiento y sus seguidores” [5]. Dos personas toman una relevancia particular dentro del movimiento, John Wesley y George Whitefield. Sobre ellos, Justo González comenta: “ambos eran calvinistas en lo que se refería a cuestiones tales como el significado de la comunión, el modo en que la fe ha de redundar en santidad de vida, etc. Pero en cuanto a la predestinación y el libre albedrío Wesley se separaba del calvinismo ortodoxo, y seguía la línea arminiana”[6]. Como vemos, ambos eran metodistas, y aunque sostenían diferencias en cuanto a la doctrina de la salvación, esto no impidió que avanzaran, cada uno, en el establecimiento del metodismo. González agrega que “Whitefield encabezó un movimiento que logró particular éxito en la región de Gales, y que después resultó en la formación de la Iglesia Metodista Calvinista”[7].
La predicación y la doctrina
Es común que desde el mundo pentecostal se asocie al pentecostalismo solamente con el metodismo wesleyano; sobre esta asociación, Justo González nos presenta una nota muy interesante: “Aunque Wesley aceptó la invitación de Whitefield, los métodos del fogoso predicador no eran de su agrado. La predicación al aire libre le disgustaba. Mucho después comentó acerca de sus sentimientos en aquella época, diciendo que estaba tan convencido de que Dios quería que todo se hiciera ordenadamente, que casi pensaba que salvar almas fuera del templo era pecado…Pero hasta el fin de sus días deploró lo que le parecía ser una triste necesidad”[8]. El pentecostalismo es justamente quien utiliza métodos similares, pero ningún pentecostal, o al menos muy pocos, podrían opinar como Wesley lo hace acerca de estos métodos. Es, por lejos, muy interesante, que los pentecostales chilenos, tanto en su origen como en la actualidad, utilicen un método de predicación que parece estar más enraizado en un metodista calvinista, que en el mismo Wesley.
Ahora bien, tanto Wesley como Whitefield eran no solo miembros de la Iglesia Anglicana, sino también ministros ordenados de ella. En este sentido, como expresa Báez-Camargo: “el metodismo no fue otra cosa que una de las varias expresiones del ímpetu de constante renovación espiritual”[9]. Es decir, no es necesariamente —aunque con el tiempo desarrolló posturas propias— un quiebre doctrinal con el Anglicanismo. La Iglesia Anglicana posee una teología confesional expresada tanto en sus Treinta y Nueve Artículos, como también en el Libro de Oración Común y las Homilías. Su confesionalidad es lo suficientemente amplia como para permitir cierta diversidad teológica, pero lo suficientemente precisa como para impedir ciertos extremos. Ha sido comúnmente llamada “la vía media”; término que ha sido malinterpretado como si se tratara de una iglesia que se resta de la reforma, y que se acerca al Catolicismo Romano. Sin embargo, en la certera opinión de Trueman, esta vía media es en realidad: “una vía media entre el catolicismo romano y el anabaptismo. Esto es lo que se conoce como Protestantismo de la Reforma”[10].
En Los Artículos Anglicanos es posible encontrar verdadera teología reformada. Si bien Wesley conserva estos Artículos, aunque no completos, lo que conserva sigue permitiendo esbozar una postura reformada en la mayoría de ellos, pues, como dijo Justo González, aunque en lo que respecta a la doctrina de la salvación sea arminiano, en el resto de temas sigue habiendo en él una postura reformada o calvinista. Por ejemplo, al observar su postura sobre el bautismo infantil expresada en el Artículo de Fe XVII (metodista), esta no puede entenderse sin el concepto de Pacto, tan propio de la fe reformada. Cosa similar ocurre con el Artículo IX (metodista) sobre la justificación.
Recuperar la raíz anglicana reformada
Habiendo trazado, brevemente, esta línea histórica desde el pentecostalismo chileno hasta el anglicanismo, la pregunta obvia es ¿Tiene alguna influencia esta raíz anglicana reformada en el pentecostalismo chileno?
La respuesta no es ni simple ni definitiva, sin embargo, podemos observar algunas cosas interesantes:
- Es posible trazar un recorrido histórico desde el pentecostalismo, pasando por el metodismo hasta el anglicanismo, como ya se ha mostrado.
- No es menor notar lo que un mismo metodista expresa sobre su iglesia, a saber, que el metodismo es una expresión de renovación espiritual, entendiendo esto como un intento de renovación dentro del mismo anglicanismo. Esto, como ya se ha dicho, supone que el quiebre doctrinal no es algo necesario, aunque puede haberse dado con el tiempo.
- Según expresa Sepúlveda, lo que es el pentecostalismo, o su esencia, “no debe buscarse en la doctrina sino en el ethos o la espiritualidad. ‘Lo que une a las iglesias pentecostales no es una doctrina sino experiencia religiosa, pero que es interpretada y fundamentada de muy diversas maneras.”[11] O bien, como él interpreta a Hoover: “Lo que importa finalmente es el poder transformador de tal experiencia”[12].
- Ergo, si el pentecostalismo chileno puede rastrear su raíz histórica y teológica al anglicanismo reformado, eso significa que puede recuperar esa raíz sin ir a buscar teología reformada “afuera”, pues la tiene en su propia base.
Si el metodismo, como expresión de renovación espiritual dentro de la Iglesia Anglicana, permitió la existencia de un metodismo wesleyano (o arminiano) y un metodismo calvinista, ambos, como expresión de renovación, no de la doctrina anglicana (o reformada) sino de su práctica; entonces el pentecostalismo puede permitir también —siendo éste igualmente un movimiento de renovación espiritual y experiencial— una diversidad de pensamientos teológicos, incluidos el calvinismo y el arminianismo. Y esto no es nada nuevo, porque desde el principio el pentecostalismo a nivel global ha tenido muchas posturas distintas dependiendo de la denominación.
Sepúlveda, citando a W. Hollenweger, comenta “que el pentecostalismo en sí mismo no es monolítico sino tremendamente diverso”[13], esto se extiende desde lo ético hasta lo doctrinal o teológico.
El pentecostal chileno, entonces, tiene dos formas para llegar a un mismo punto. Me explico, quien esté interesado en retornar a sus raíces anglicanas reformadas, puede, bien retomar una tradición metodista calvinista, la cual evidentemente le llevará a considerar el anglicanismo reformado. O bien, desde la misma tradición metodista wesleyana, puede trazar líneas directas hasta el anglicanismo reformado, recordemos la expresión de Justo González, ambos líderes metodistas, eran calvinistas o reformados en una serie de temas en común. Sea cual sea el camino que se escoja, ambos conducen inevitablemente a la teología reformada. Pues ambos, tienen un tronco común: el anglicanismo reformado. Esta búsqueda de la raíz reformada del pentecostalismo es posible, a través del dialogo, el estudio y la voluntad de los pentecostales interesando en un retornos a sus raíces, sin que ello signifique el abandono de esta espiritualidad pentecostal.
Referencias
Aránguiz Kahn, Luis, trad. Historia, Constitución, Reglas y Confesión de Fe de los metodistas calvinistas de Gáles. Ediciones del pueblo, 2023.
Báez-Camargo, Gonzalo. “El reto de Juan Wesley a los metodistas de hoy”, 1953. https://static1.squarespace.com/static/5ebb55f37ed368018d356f50/t/5ec48334ae6f137c88b6849b/1589936958092/el%2Breto%2Bde%2Bwesley.pdf?utm_source=chatgpt.com.
González, Justo. Historia del cristianismo. 2009a ed. Unilit, s/f.
Sepúlveda, Juan G. Pentecostalismo a la chilena: particularidades, rasgos teológicos y su impacto en la sociedad. Primera edición. Teología de los tiempos 25. Santiago e Chile: UAH ediciones, 2023.
Trueman, Carl. El imperativo confesional. Primera Edición. Lima, Perú: Teología para vivir, 2023.
[1] Sepúlveda, Pentecostalismo a la chilena, 86.
[2] Sepúlveda, 5.
[3] Sepúlveda, 6.
[4] Sepúlveda, 6.
[5] Aránguiz Kahn, Historia, Constitución, Reglas y Confesión de Fe de los metodistas calvinistas de Gáles, 19.
[6] González, Historia del cristianismo, 350.
[7] González, 350.
[8] González, 350.
[9] Báez-Camargo, “El reto de Juan Wesley a los metodistas de hoy”.
[10] Trueman, El imperativo confesional, 140.
[11] Sepúlveda, Pentecostalismo a la chilena, 115.
[12] Sepúlveda, 118.
[13] Sepúlveda, 114.