Si bien es bastante aceptado, y casi imposible de negar, que el pentecostalismo, sobre todo el chileno, es en esencia premilenial, y posteriormente, premilenial dispensacional, aun cabe la siguiente pregunta: ¿será posible que el pentecostalismo chileno pueda tener otro esquema escatológico? La respuesta rápida podría ser un no, pero al observar las raíces mismas del pentecostalismo, es posible vislumbrar que existe un espacio para el posmilenialismo. Para explorar esta posibilidad, se apelará en primer lugar a Wesley, quien es reconocido como la inspiración del pentecostalismo chileno, al menos según el mismo Hoover, y como se verá, de los mismos pentecostales tempranos; luego, de forma breve pero concisa, observaremos una definición de posmilenialismo, para finalmente contrastar la esencia de este, con la pasión y el fervor que caracterizaron el movimiento pentecostal chileno en sus inicios.
El premilenialismo histórico del movimiento chileno original es innegable. El mismo pastor Hoover relata que, en parte, una las razones que explican el despertar pentecostal es justamente la creencia en la inminencia del retorno de Cristo. Una mirada rápida a su Historia del Avivamiento Pentecostal en Chile demostrará fácilmente esto. Sin embargo, la escatología no solo tiene que ver con el futuro, sino más bien, con cómo el futuro afecta el presente. Y en este sentido, el pentecostalismo ha sido, en diversas ocasiones, tildado de “escapista”. Hasta cierto punto, se podría pensar que el premilenialismo, y específicamente la vertiente dispensacional, son naturales al pentecostalismo, sin embargo, el hecho de que el movimiento hoy, al menos el chileno, sea en su vasta mayoría dispensacional, prueba, por sí solo, que la escatología pentecostal no es estática, sino por el contrario, dinámica; digo esto debido a que en su origen, obviamente no fue dispensacional, sino solo premilenial. Puede parecer que la evolución desde un punto al otro sea natural, sin embargo no lo es.
Pero, miremos un poco hacia atrás. ¿De dónde hereda su premilenialismo histórico este movimiento?
Para responder a esta pregunta, será necesario retroceder hasta Juan Wesley, y ¿por qué hasta él? En primer lugar porque, como es sabido, el fundador del pentecostalismo chileno se declaraba abiertamente fiel seguidor de Wesley; y, por otro lado, también los primeros pentecostales lo hicieron, según consta en el Chile Pentecostal del mes de mayo de 1911, en la décima entrega del mismo, en la que se reproduce un breve articulo atribuido a Juan Wesley, en el que define, a grandes rasgos, a un metodista, articulo que es concluido con el siguiente comentario editorial: “Como fieles sucesores de Juan Wesley, nosotros los metodistas pentecostales no podremos hallar marcas mejores para distinguirnos” (Koppmann, 1911, pág. 3). Si bien se puede argumentar que en dicho texto nada se dice de alguna esperanza escatológica, es interesante notar como los pentecostales se consideraban a sí mismos como “fieles seguidores” de Wesley.
Dicho esto, podemos explorar el pensamiento de Wesley al respecto, y para ello será de interés observar lo que piensa Wesley sobre el dispensacionalismo (al menos el emergente de su época), postura que, como sabemos, es la actual doctrina escatológica del pentecostalismo. En primer lugar, Dayton nos expresa que: “Fletcher —estrecho colaborador de Wesley—sentía que la clave para comprender su propio pensamiento debía encontrarse en su doctrina de las dispensaciones, un punto clave de diferencia con Wesley” (Dayton, 1991, pág. 32). Acto seguido, nos informa que Wesley poseía una postura “más clásicamente protestante, que ve la historia dividida fundamentalmente en dos periodos, por Cristo, o quizás más precisamente por la redención lograda por su muerte. Por esa razón, Wesley podía hablar del «pacto de obras» y del «pacto de gracia» usando términos como «dispensación judía» y «dispensación cristiana»” (Dayton, 1991, pág. 32). De hecho, Dayton analiza la conexión entre pentecostalismo y dispensacionalismo, y observa que “no deberíamos dar por sentado tan rápidamente que la escatología pentecostal es meramente la asimilación de los temas emergentes del dispensacionalismo” (Dayton, 1991, pág. 101).
Cabe ahora la pregunta acerca de cuál fue entonces la postura escatológica de Wesley. Lo primero que debemos notar, según nos informa Dayton, es que los movimientos que finalmente dan vida al pentecostalismo, a saber, el Metodismo (como en el caso chileno) y en el Movimiento de Santidad “no se han mostrado históricamente interesados en la escatología o bien se han inclinado hacia una escatología posmilenaria —y con relación a esta escatología, comenta que— es capaz de sentar las bases para una transformación social” (Dayton, 1991, pág. 102).
Ahora bien, Dayton nos da luces acerca de la postura escatológica de Wesley, en la que si bien se reconoce que no hay una declaración abierta de Wesley al respecto, reconoce que “el acento básico del pensamiento de Wesley era probablemente mejor interpretado por esquemas de pensamientos menos apocalípticos y más posmilenarios” (Dayton, 1991, pág. 108). Al respecto, Gentry lo incluye dentro de su lista de representantes de la postura posmilenial (Gentry, 2019, pág. 99) y el Obispo (H) Aravena de la Iglesia Metodista de Chile expresa que Wesley aceptó totalmente el modelo de Bengel —un pietista luterano— en cuanto al milenio, para luego aclarar que “no cabe duda de que el punto de vista de Bengel es lo que hoy se llama post-milenio” (Aravena Bravo, 2013).
Pero ¿qué es el posmilenialismo? Ciertamente una definición extensa y vasta ocuparía un artículo por sí solo, pues como cualquier otra postura, tiene sus matices y detalles. Sin embargo, intentaré proveer una definición general que nos permita introducirnos a ella.
Kenneth L. Gentry Jr., un exponente actual del posmilenialismo, indica que “lo que distingue al posmilenialista bíblico de los amilenialistas y premilenialistas es su creencia de que la Escritura enseña el éxito de la gran comisión en esta era de la iglesia” (Gentry, 2019, pág. 80). El mismo autor indica, además, que “el posmilenialismo sostiene que el Señor Jesucristo establece su reino en la tierra a través de su predicación y obra redentora en el primer siglo y que equipa a su Iglesia con el evangelio, la fortalece por el Espíritu, y la encarga con la Gran Comisión de discipular a todas las naciones” (Gentry, 2019, pág. 79). Loraine Boettner, un teólogo posmilenial de mediados del siglo XX, define su postura como “aquella visión de los últimos tiempos que sostiene que el Reino de Dios se está extendiendo ahora en el mundo a través de la predicación del Evangelio y la obra salvadora del Espíritu Santo, que el mundo finalmente será cristianizado y que el regreso de Cristo ocurrirá al final de un largo periodo de justicia y paz comúnmente llamado el Milenio”. (Boettner, 1957, pág. 4).
Dicho esto, nos queda la tarea de identificar si existió, al menos entre los primeros pentecostales chilenos, una esperanza de este tipo, lo cual, claro está, no indicará que efectivamente tuvieran esta postura escatológica, pero si nos evidenciará que el fervor pentecostal no está en contradicción con el posmilenialismo.
La revista “Chile Evangélico”, en su número 16 de 1909, hablando sobre el Bautismo del Espíritu Santo, y con relación a la evangelización, dice: “Hasta ahora solo hemos alcanzado a unos pocos y hay cientos de millones que permanecen en tinieblas —y luego de citar Mateo 24:14, dice—¿Cómo podemos hacerlo? La iglesia cuenta con la suficiente maquinaria para efectuar esta obra y son los obreros suficientes, pero los obreros carecen de poder” (Chile Evangélico, 1909). De aquí, vemos que tenían un compromiso con la gran comisión, y que el derramamiento del Espíritu Santo era la forma en que podrían cumplir con este mandato.
En el primer número del Chile Pentecostal, publicado en Noviembre de 1910, se transcribe una carta, fechada 30 de septiembre del mismo año, firmada por el hermano Segundo Córdoba, quien dice, entre otras cosas: “Yo preguntaría ¿cuál es el querer o deseo de los obreros o discípulos que han recibido la salvación de sus almas? Ellos han recibido mayor número de bendiciones que nunca, no porque las hayan merecido, sino por la pura misericordia de Dios, dándoles victorias sobre todos sus enemigos.” En el mismo texto, luego dice: “debemos recurrir al trono de gracia perseverando en la oración sin desalentarnos, rogando sin desmayar por la conversión del mundo y al mismo tiempo haciendo todo lo que esté de nuestra parte…” (Koppmann, Carta Segundo Córdoba, 1910, pág. 10). En otra carta, del 15 de diciembre de 1910, proveniente desde Valparaíso, se dice que: “el hermano Faustino fue enviado para hacer obra en Talca con la promesa de que los muros de Jericó serían derribados” (Koppmann, Carta 15 diciembre 1910, 1910), y en la misma carta, relatando un mensaje del Espíritu Santo a varios hermanos y grupos de la iglesia, dice: “La Junta Oficial, el Señor ha colocado un plan extenso: la salvación de todo Chile. ¡Oh, no tiene nada escondido para todo Chile!” (Koppmann, Carta 15 diciembre 1910, 1910).
¿Qué observamos hasta aquí? Que estos primeros pentecostales chilenos creyeron en una victoria de la iglesia, estaban comprometidos con la conversión del mundo que los rodeó, y tenían la convicción que nada podría detener el avance del evangelio. La agenda que tenían era la conversión de todo Chile. Esto es claramente una visión optimista del avance de la iglesia, y que es perfectamente compatible con una escatología posmilenial.
Esta esperanza no solo estaba movida por la experiencia que ellos vieron en su entorno cercano, sino que se animaron en ella con noticias de tierras lejanas, tal como se ve en la publicación número 6 del Chile Pentecostal, en la que se publica un extracto titulado “Lecciones del Despertar en Gales”, por G. Campbell Morgan, texto en el cual se dice: “En el espacio de cinco semanas como 20.000 se han unido con las iglesias. Más han sido convertidos. El efecto que produce sobre los hombres es que todos los cristianos se están volviendo evangelistas” (Koppmann, Lecciones del despertamiento en Gales, 1911). Mas adelante, en el mismo texto, reflexionado sobre los múltiples avivamientos, apunta que estos son el “fruto de la actividad de las iglesias”, y luego al analizar “esa” actividad de la iglesia, dice: “cuando quiera y dondequiera que la iglesia de Dios se vuelva a Dios en humillación y oración y trabajo, Dios visitará aquel pueblo o aquella iglesia con abundancia de su gracia”.
En el mismo número de la revista ya citada, bajo el encabezado Mensajes Espirituales, en lo que parece ser una transcripción de un mensaje profético dado en el contexto del culto pentecostal, se dice: “En batalla me alabaréis y cantaréis al nombre mío… el cantico vuestro será: «Gloria a la Sangre que ha vencido ya» con ese empezaréis las batallas… Hoy se ha acabado la lucha, ya ha concluido la lucha, Yo pelearé por ti…No tenéis que sufrir, porque yo estoy con vosotros. Alabadme y no sufriréis nada”. ¿No es esto una visión esperanzadora del avance del Reino de Dios? ¿No es acaso, a lo menos, extraña a una escatología de tendencia pesimista?
No es difícil, por tanto, observar el gran énfasis en la evangelización que hubo —¿y hay? — en el movimiento pentecostal, y al mismo tiempo, la confianza que experimentaron al venir sobre ellos el Bautismo del Espíritu Santo. Este poder recibido de arriba los empoderó, no solo para vivir una vida de santidad, sino para llegar con el mensaje evangélico a todo el mundo. Su esperanza era que todo el país conocería a Cristo. De hecho, la tan conocida profecía, “Chile para Cristo”, no puede hallar sentido bajo una escatología pesimista, sino únicamente bajo un prisma optimista, tal como observamos en los textos antes citados, en los que “no habrá sufrimientos, Dios peleará por ellos, y el Señor dará victoria sobre todos los enemigos”, lo cual es más propio del posmilenialismo que del dispensacionalismo.
Concluyendo, y como se ha dicho al principio, no se pretende “probar” que la escatología original del pentecostalismo chileno fuera el posmilenialismo, sino, por el contrario, mostrar cómo esta postura es más ad hoc al fervor y esperanza pentecostal, es decir, una esperanza de victoria, en que el Espíritu no tiene límites para obrar y transformar la sociedad.
El movimiento pentecostal chileno, al igual que el norteamericano, con el paso de los años, sufrió una transformación en su vigor evangelístico. Como ya se ha mostrado, al principio su énfasis en la evangelización fue con el propósito de alcanzar a todos, pues el evangelio es transformador de la cultura. Más tarde, esta visión sería reemplazada por un deseo de “llamar almas” para escapar de este mundo maligno y perverso (Dayton, 1991, pág. 117). Debido, en parte, a este cambio de paradigma, el dispensacionalismo tomó un espacio que no le pertenecía, espacio que puede ser recuperado por la postura de Wesley, a quien tanto Hoover como los primeros pentecostales, reconocen como su verdadera figura inspiradora, y a quien reconocen seguir doctrinalmente hablando. Como ha quedado claro, este mismo Wesley no marchó en pos de un milenarismo dispensacional, sino todo lo contrario, abrazó la esperanza posmilenial de una iglesia victoriosa y triunfante en medio de la sociedad. Por ello, si los pentecostales aun desean mantenerse fieles a Wesley, deberían, por lo menos, plantearse un regreso a la esperanza wesleyana, es decir, a una iglesia que avanza en la sociedad y la transforma, empoderada por el poder del Espíritu y que toma dominio de las diferentes áreas para Cristo el Señor.
Bibliografía
Chile Evangélico. (1909). Chile Evangélico(16).
Gentry, K. L. (2019). Él tendrá el dominio. Salem, Oregon.: Publicaciones Kerigma.
Dayton, D. W. (1991). Raíces teológicas del pentecostalismo. Buenos Aires: Nueva Creación.
Koppmann, E. (Mayo de 1911). Lo que es un metodista según Juan Wesley. Chile Pentecostal, 1(10).
Aravena Bravo, N. (2013). La parroquia sin fronteras, temas wesleyanos. (M. A. Ulloa, Ed.) P. Montt, Chile.
Boettner, L. (1957). The Millennium. Phillipsburg, New Jersey: Presbyterian and Reformed Publishing Company.
Koppmann, E. (Noviembre de 1910). Carta Segundo Córdoba. Chile Pentecostal, 1(1).
Koppmann, E. (Diciembre de 1910). Carta 15 diciembre 1910. Chile Pentecostal, 1(4).
Koppmann, E. (Febrero de 1911). Lecciones del despertamiento en Gales. Chile Pentecostal, 1(6).