En el contexto pentecostal que conozco mejor, el de la Iglesia Evangélica Pentecostal, existe una especie de “temporada de Santa Cena” que va cambiando dependiendo de la Zona en la que se encuentra circunscrita cada iglesia local. En otros contextos pentecostales de iglesias originarias del movimiento chileno, la realidad no es tan diferente, la Cena es suministrada a los fieles con muy poca frecuencia, sobre esto el Pr. Isaac Ibarra comenta: “en la administración del Obispo Javier [Vázquez], en la iglesia de Jotabeche (por lo menos lo que yo he leído, investigado y preguntado) no se realizaron santas cenas ni vigilias en todo el tiempo de su administración, 39 años como pastor de la iglesia de JBCH y 18 años como obispo presidente de la corporación” y añade que “algunos pastores siguieron el ejemplo del Obispo Javier”[1]. Las diferencias que existen sobre la periodicidad dan, en mi opinión, cuenta de la comprensión teológica que se tiene de este Sacramento. Si bien, en otras tradiciones cristianas no hay consenso con respecto a la cantidad de veces al año que se debe realizar la Santa Cena, la frecuencia que tienen es mayor a una vez por año.
La frecuencia anualizada en círculos pentecostales, no es algo que per se esté mal, pero, dada la poca instrucción bíblica al respecto, en muchos lugares ha devenido en una especie de adoración del Sacramento.
Ampliando la idea anterior, del contexto del cual provengo, es muy común escuchar que: “la reunión más importante del año es la Santa Cena”. Y es algo que no solo se dice, sino que se vive de esta misma manera. Durante la “temporada” de Cenas es normal que la hermandad adquiera ropa nueva para comulgar; es extremadamente común, más de lo que se pueda desear, ver iglesias adornadas completamente, al punto que incluso las pinturas que adornan el altar durante todo el año, en dicho momento son cubiertas por verdaderos mantos blancos —que en opinión de ellos, evocan la santidad del momento—, el pulpito mismo, en ese día, se viste de blanco, e incluso el propio balaustro es cubierto de telas blancas; quienes están encargados de administrar el sacramento, esa noche, son verdaderas figuras del jet set, a las que ni siquiera se les puede estrechar adecuadamente, pues, sendos banquetes vienen a agasajarles posterior al servicio.
Instagram se llena de hermosas fotografías con la comida que viene después de “La Comida”, imágenes de lo hermosos que estaban los templos esa noche inundan dicha red social, pero no hay mención alguna a la gracia impartida mediante el Sacramento, y si la hay, son meras palabras poéticas, vacías de todo sentido real del disfrute de dicha Comunión.
¿Dónde queda el Sacramento como tal? Perdido detrás de los blancos velos, las grandes comidas, y el espectáculo de redes sociales que viene después. ¿No es esto una especie de adoración del Sacramento, sin entender la verdadera naturaleza de este?
¿Es comprendido, teológicamente hablando, de forma correcta el Sacramento de la Santa Cena en el mundo pentecostal criollo? Como alguien que creció en este ambiente —en el contexto de la IEP— puedo decir que en muchas ocasiones las palabras de los pastores de esta iglesia se inclinaron a una idea más a fin al anabaptismo, es decir, a la idea de que la Santa Cena no es más que un mero memorial; cosa que es contraria a lo indicado en los Artículos de Fe que profesan creer.
Esta idea del memorial, afecta directamente la comprensión del sacramento. Comprender el aspecto teológico, que es amplio y profundo, es crucial para entender el Sacramento como tal, y al mismo tiempo, nos librará de cometer errores tanto de práctica como de doctrina.
Por supuesto, abordar todo lo que la Santa Cena significa es una tarea que esta fuera del alcance de este artículo. Por el momento, es mi intención abordar brevemente el fundamento doctrinal de la teología de los Artículos de Fe que normaron el pentecostalismo chileno, y que hasta la fecha, en cierto sentido aún lo hacen; para, con esto en mente, considerar si la práctica actual del pentecostalismo criollo es consecuente con lo expresado en sus documentos confesionales.
Artículos de Fe: base doctrinal del pentecostalismo y su origen protestante reformado.
Los Artículos de Fe, que en el caso de la IEP están en las primeras páginas de los himnarios, son la principal fuente de doctrina escrita del movimiento pentecostal chileno de origen Metodista. Este documento tiene su origen en la Reforma Protestante.
Durante la época de la Reforma surgieron documentos que expresaban la fe de una comunidad eclesiástica, tal como lo expresa Trueman: “las nuevas iglesias necesitaban identificarse en relación con otras comuniones emergentes”[2]. A estos documentos se les conoce como Confesiones de Fe; y es dentro de este marco que encontramos los 39 Artículos Anglicanos. Estos Artículos de 1571, convenientemente podados según la opinión de Wesley, son los que finalmente hereda el movimiento pentecostal chileno que, recordemos, proviene del Metodismo.
Estos Artículos dan cuenta de la doctrina primigenia del movimiento pentecostal criollo acerca de la Santa Cena. Los artículos que hablan de ella son el XVI, XVIII y XIX, siendo estos prácticamente iguales a los Metodistas (incluso en numeración) y a los Anglicanos, correspondiéndose con estos a los numerales 25, 28 y 30 respectivamente.
Artículos de Fe: contra la doctrina Católica Romana, y contra la doctrina del “memorial”.
Este articulado, en particular, se opone claramente a la doctrina de la Iglesia Católica Romana tocante a la Cena, negando la transformación de la esencia de los elementos, en el Artículo XVIII.
Por otro lado, define un sacramento, en el Artículo XVI, como:
“Los sacramentos instituidos por Cristo, son no sólo distintivos o signos de la profesión de los cristianos, sino también símbolos de la gracia y prendas de la buena voluntad de Dios para con nosotros en forma invisible, y no sólo aviva nuestra fe en Él, sino que también la fortalece y confirma”.
Es decir, habla tanto del signo como de lo que éste significa (o señala), y muestra el efecto que tiene en el creyente. Pero además, el mismo Artículo aleja al creyente de la idea de un mero “memorial”, idea que aunque es normalmente atribuida al reformador Zwinglio en Suiza, es más bien la postura —o una de las posturas— representadas en el Anabaptismo o Reforma Radical.
Este alejamiento de ambas posturas ya mencionadas es completamente normal, pues al momento de su creación y posterior validación, lo que estos Artículos buscaban era marcar una diferencia tanto del Catolicismo Romano como del Anabaptismo[3].
En la misma línea, el artículo XVIII expresa:
“no es solamente un signo del amor que deben tenerse mutuamente los cristianos, sino también un sacramento de nuestra redención por la muerte de Cristo, de modo que para los que digna y debidamente, y con fe reciban estos elementos, el pan que partimos es una participación del cuerpo de Cristo, y así mismo; la copa de la bendición es una participación de la sangre de Cristo”.
Posteriormente se expresa en contra la transubstanciación, doctrina Romana de la Cena, para continuar hablando sobre el modo:
“El Cuerpo de Cristo se da, se toma y se come en la Santa Cena sólo de un modo celestial y espiritual. Y el medio por el cual el Cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Santa Cena del Señor es de fe”.
Nuevamente vemos acá una marcada diferencia de ambas corrientes, y al mismo tiempo, un claro acercamiento a la Teología Reformada, mostrando el sacramento como un medio efectivo de gracia[4], pero sin afirmar una presencia real de Cristo en los elementos (postura Católica Romana), y negando completamente la idea la mera conmemoración o memorial (postura eminentemente Anabaptista).
Respecto de la postura del mero memorial, Bavinck nos dice que esto contribuyó a que la Santa Cena se entendiera “como meros símbolos de un pacto externo, al que tenía derecho cualquier individuo que viviera decentemente”[5]. Esto, a su vez, reafirmó la idea de ver “en la Cena solo un memorial, una confesión de los creyentes, y no un medio de gracia”[6].
Así como creer que el pan se convierte verdaderamente en el Cuerpo de Cristo y el vino en la Sangre del Señor es contrario al sacramento mismo; así también, despojar al Sacramento, de la presencia real de Cristo, espiritual y por la fe, contradice la naturaleza misma de éste.
Willis Hoover y el sacramento.
¿Qué dice Hoover sobre el Sacramento? En agosto, septiembre y diciembre de 1925, Hoover publicó en la revista Chile Pentecostal una serie de artículos sobre el bautismo, en los que hay algo de su visión sacramental. Estos artículos fueron reproducidos por la revista Fuego de Pentecostés en enero de 1936. Allí, bajo el título de Bautismo – Circuncisión, Hoover expresa: “Nuestro primer punto es que el bautismo es la sucesión, por decirlo así, de la circuncisión; así como la Santa Cena es la sucesión de la Pascua”[7]. Mas adelante, sobre esta relación de sucesión entre ambas cosas comenta que el bautismo ha venido para desempeñar “un papel análogo al que hacía la circuncisión”[8], es decir, admitir un nuevo miembro al Pacto establecido entre Dios y su pueblo; por extensión, la Santa Cena cumple la función de la Pascua. Acerca de esta última, bajo un entendimiento de la Teología Pactal Reformada, Bavinck comenta: “No es solo un acto por el que se recuerda la liberación de Egipto, sino también una señal y una garantía de la liberación de la esclavitud del pecado, y de la comunión con Dios en la persona del Mesías prometido”[9].
No digo que Hoover fuera un reformado, eso sería ir demasiado lejos, pero si podemos concluir que su entendimiento de la Santa Cena estaba enmarcado dentro de estos parámetros doctrinales. Lo que nos lleva de vuelta a nuestro punto anterior: que al menos en cuanto a un primer acercamiento, la doctrina sacramental del pentecostalismo de origen metodista, es más cercano —por lo menos en el papel— a la postura reformada, claro está que con sus normales matices.
El movimiento pentecostal criollo, como ya hemos visto, por definición de su articulado de fe y de su herencia doctrinal hooveriana, debería adscribir —al menos muy cercano— a un entendimiento Reformado de la Santa Cena.
Conclusión
El artículo de Fe XVIII indica que la Santa Cena no debe ser adorada. Probablemente hay muchas formas en que esto pueda suceder, y me atrevo a decir que el exceso de pompa que rodea el sacramento en los ambientes pentecostales es una forma de adorarlo, dejando de lado su verdadero significado.
Como he expresado, parece que últimamente la idea del memorial gana fuerza, pero también hay quienes atribuyen toda suerte de eventos místicos a la Santa Cena, y ¿no era este uno de los motivos por el cual el sacramento se reservaba y se llevaba en procesión? Sobre esto el mismo artículo XVIII se pronuncia en contra.
La doctrina correcta no solo se debe aprender, se debe también practicar. Lo contrario también es verdad, una práctica errónea conlleva a una doctrina errónea. Muchas iglesias pentecostales se han permitido una práctica errónea, llevando con ello a que muchos de sus feligreses tengan de igual forma opiniones que no son propias de su fe, y que en muchas ocasiones, ni siquiera son propias del cristianismo. La superstición por un lado, y la racionalización por otro, son caminos peligrosos, que deben ser encausados mediante el estudio sistemático de las Escrituras, y también de los elementos doctrinales que se tienen, como los Artículos de Fe.
El pentecostalismo chileno tiene un gran desafío por delante, a saber, ser capaz de recuperar su propia herencia y alinear, sobre esta herencia, sus posturas doctrinales tocante al sacramento de la Santa Cena. Para ello, tiene en sus manos los Artículos de Fe, que proveen un excelente marco de referencia para construir una sólida doctrina y teología verdaderamente protestante. Sobre estos, muchas veces parece ser que no son más que letra muerta en un papel casi olvidado, pero ¿no será el tiempo de recuperar esta herencia doctrinal a fin de fortalecer la doctrina pentecostal en sólidas bases teológicas?
Bibliografía
Bavinck, Herman. Dogmática Reformada. Editado por John Bolt. Barcelona, España: Clie, s/f.
Bray, Gerald. La fe que confesamos. Kevina Road, Ellensburg: Proyecto Nehemías, 2017.
Hoover, Willis. “Bautismo – Circuncisión”. Fuego de Pentecostes, enero de 1936.
Ibarra, Isaac. “Volvámos a nuestras raíces: Parte 1, Unidad o Uniformidad.” Blog. Alianza Pentecostal Reformada (blog). Consultado el 5 de diciembre de 2024. https://alianzapentecostalreformada.com/unidad-o-uniformidad/.
Trueman, Carl. El imperativo confesional. Primera Edición. Lima, Perú: Teología para vivir, 2023.
[1] Ibarra, “Volvámos a nuestras raíces: Parte 1, Unidad o Uniformidad.”
[2] Trueman, El imperativo confesional, 136.
[3] Trueman, 140.
[4] Bray, La fe que confesamos, 135.
[5] Bavinck, Dogmática Reformada, 897.
[6] Bavinck, 897.
[7] Hoover, “Bautismo – Circuncisión”.
[8] Hoover.
[9] Bavinck, Dogmática Reformada, 887.